Misiones en Cañete.

Publicado el 23 de enero de 2008 | No hay comentarios.

Nos sentamos acompartir la fe y quedamos renovados

 

De verdad que cuando la fe se comparte con los mássencillos, parece que se multiplica. Dejamos de necesitar tantos argumentos,razones, pruebas. ¿Cómo no tener la certeza de que Dios camina con nosotroscuando nos sentamos a leer el evangelio de la samaritana con tantas mujeres quebajo el peso de sus cargas y las soledades de sus vidas, van donde Jesús abeber y quedan radiantes?  Eso lo hemosvisto en el rostro de la sra. Tina de Tirúa, de la sra. María de Huide y de lasra. Humilde de Grano de Trigo.

Allí estuvimos con hombres que como el samaritano leproso,al verse sano, supo enseguida que Jesús había actuado en él con la fuerza y elamor de Dios. No dudó en agradecer, como aquellos hombres que no dudaron enregalarnos un saco de papas, en acogernos en sus casas y prepararnos ellos mismosun plato de comida, en acudir a la liturgia y vencer la timidez  para hablar.

Tantos niños nos hablaron de esperanza, esfuerzo y de unasencilla y profunda alegría que brota de corazón cuando está libre de ambiciones, competencias y celos .

 

De todo esto fuimos testigos durante las misiones querealizamos con 34 jóvenes cerca de Contulmo y en Tirúa.   Disfrutamos la diversidad de los misioneros:veníamos de Antofagasta, Santiago, Viña y Concepción.  También teníamos a Pepi, rscj de España, y aMadeline, exalumna de Tejas, USA.  Vivimos en comunidad nuestras diferencias,rezamos, caminamos muchísimo, recibimos frutas, tortillas, papas y mucho cariñode regalo. Nuevamente los más pobres nos explicaron el evangelio y nos llenaronde confianza y fuerza para volver a apostar por Jesús.

 

¡El Señor ha estado grande con nosotros y quedamos alegres!

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