Celebración de la Pascua de Rosita Muñoz rscj.

Publicado el 05 de enero de 2011 | No hay comentarios.

 Rosita nació en Santiago en el hospital San Francisco de Borja el 2 de Julio de 1919 y fue bautizada en la Iglesia del Hospital el  día 7 del mismo mes hija de Don Ramón Muñoz  y de la sra. Zenobia Saez. Su padre murió cuando Rosita era muy pequeña.

   Su mamá sufría de epilepsia y ella recordaba el susto que le daba cuando ella caía, por lo que le aconsejaron poner a Rosita interna  en las Hermanas de la Providencia. De este internado, Rosita guardaba muy buen recuerdo. Recordaba especialmente a su profesor de canto que la posibilitó para animar siempre  nuestras celebraciones y liturgias con su voz firme y entonada.

    No conocemos la historia de su vocación, pero sí sabemos que la Hermana  Inés Ramírez fue su profesora en el colegio de la Providencia  y que entró a nuestra congregación unos 15 años antes que Rosita.

   Rosita  entró como postulante en nuestra casa de Maestranza el 1º de Junio de 1938 e inició su noviciado el 15 de Abril de 1939  hasta llegar a hacer sus votos el 27 de Noviembre de 1941.

   Después de sus votos fue enviada primero a la comunidad de Viña  y luego a Santiago, al Externado. En los servicios que se le encomendaron para la atención de las niñas del colegio, Rosita se mostró desde el principio muy fiel a hacer todo lo mejor posible, y siempre fervorosa y amante de su relación del  Señor. Fue así como en el año 1948, fue admitida a la preparación para hacer sus votos perpetuos que hizo en el mismo colegio del Externado el día 25 de Julio. Al año siguiente fue enviada al colegio de la Maestranza donde además de otros servicios estuvo encargada de la enfermería de las niñas del colegio, especialmente de las internas Entre los años 1953 y 57 estuvo en Viña  y más tarde en el colegio de Apoquindo, donde estuvo encargada de la sacristía, del comedor de las niñas y otros servicios. Muy trabajadora y servicial y abierta a los cambios de la congregación del año 64 en adelante, continuó sus servicios en el colegio hasta que en 1971 fue enviada a la casa de Ejercicios de Punta de Tralca donde sirvió y fue conocida hasta 1998 con un intervalo de 4 años en los años 80 en que estuvo en nuestra casa de Acogida prestando el servicio de ecónoma de la casa, siempre abnegándose para que las hermanas que venían de otras casas estuvieran bien.

    Entre esos años su mamá se enfermó y como era hija única tuvo que salir un año a cuidarla. Para ella era un gran sacrificio estar fuera de su comunidad pero lo hizo con todo su amor hasta que la Hermana Magdalena Sofía le ofreció llevar a su madre a vivir con ella en Punta de Tralca. Recordamos sus expresiones de agradecimiento y su alegría. Así pudo realizar su sueño de servicio a la Iglesia y a la congregación sin descuidar su deber filial hasta la muerte de su   madre que quedó con nosotras hasta en el cementerio.

   En la Casa de Ejercicios fue el brazo derecho de Magdalena Sofía. Ella se encargaba de todos los trámites de compras, bancos, y cuando no estaba Magdalena Sofía de ver que todos los servicios estuvieran a punto para la numerosa concurrencia, con mucha responsabilidad y eficacia y sin hacer ruido.

  Sus compañeras de comunidad dan testimonio de su espíritu de sacrificio y abnegación y de que hacía las cosas con amor y sabía hacerse sentir bien con ella.

    El año 1998, ya con su salud debilitada llegó a esta casa. Hasta el año 2001 en que se enfermó seriamente y tuvo que ser trasladada a la enfermería, estuvo siempre atenta a prestar todos los servicios posibles. Cuando veía que hacía falta tomaba la escoba y se ponía a barrer, a veces en la casa, otras debajo del parrón, pronta para atender la puerta y el teléfono, y cualquier servicio.

    Ya en la enfermería, sus facultades bajaron rápidamente y pasó todos estos años casi siempre en silencio, con escasas posibilidades de comunicación. Pero se la veía serena y respondía con su expresión a los estímulos de cariño. Algo en ella hablaba. A esto responde el testimonio de una de nuestras enfermeras, pocos minutos después de su muerte en el día de ayer: “Esta hermana era humilde” Quiero añadir: “Esta hermana era auténtica hija de Santa Magdalena Sofía”  que se santificó por la humildad  e insistió en  que esta era para nosotras la virtud básica.

                                Carmen Vial, rscj
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