PASCUA DE LA HERMANA MARÍA RIQUELME.

Publicado el 24 de septiembre de 2012 | Hay 4 comentario(s)

   María Riquelme Garrido nació el 12 de Octubre de 1918 en Pemuco, zona rural al sur de Chillán, hacia la cordillera, en un hogar muy cristiano formado por don José Herminio Riquelme y doña Elvira Garrido junto a 8 hijos, (2 hombres y 6 mujeres) María era la segunda de los hermanos. Allí en una vida de trabajo en contacto con la naturaleza, el papá le recordaba a menudo a toda su familia que todo se los daba Dios. La semilla de la vocación a la vida religiosa, don gratuito de Dios, la recibió María en su infancia del testimonio de fe vivida por sus padres. En su juventud, María vino a trabajar a Santiago y tomó contacto con el padre Aguirre, religioso del Corazón de María, quien la acompañó en sus deseos de consagración a Dios y la presentó a las religiosas del Sagrado Corazón en la casa de Maestranza en la Av. Portugal. Ella contaba que se sintió atraída por la imagen del Sagrado Corazón a la entrada de nuestra casa y que no dudó que ahí la quería el Señor. Sus padres, hermanas y hermanos la apoyaron y le dijeron que iban a rezar para que nunca se arrepintiera. Como esta decisión la hizo a los 40 años y en ese tiempo se entraba a la vida religiosa muy jóvenes, el padre Aguirre recalcó que ella mostraba una verdadera vocación. Fue admitida y entró el 13 de Junio de 1958.

Durante su etapa de noviciado se mostró siempre muy fervorosa, con un amor grande a la Virgen y fiel a las reglas. Hizo sus primeros votos el 3 de Mayo de 1961 y luego fue enviada a Concepción donde sirvió especialmente en el comedor de las alumnas.

En 1966 volvió a Maestranza para prepararse a los votos perpetuos que los hizo el 5 de Febrero de 1967  y como había mostrado gran habilidad y prolijidad en la costura y el tejido, fue enviada a servir en la ropería.

En 1969 fue enviada a la comunidad de la casa provincial en Vitacura y desde allí le correspondió estar en la comunidad  fundadora de la casa de la calle Rancagua.

En 1971 vuelve al colegio de Concepción y desde 1973 a 1977 colaboró en la comunidad de hermanas mayores de esa ciudad, en la enfermería, trabajando con Aurelia Rubio.

Su deseo de vivir la misión ella lo expresaba así: “ayudar en lo que pueda en las casas de la congregación y a las hermanas mayores”.

En 1978 inicia una etapa misionera muy fecunda al ser enviada junto a Hilda Guzmán y a nuestra recordada Elia Vásquez  a fundar una escuela rural e internado en Poduco Alto; tierra indómita, entre Concepción y la cordillera de Nahuelbuta, en que los alumnos y alumnas debían caminar grandes distancias para ir a clases y en la época de hielo, como andaban sin zapatos, llegaban con los pies sangrando. María sufría mucho ante esa realidad y en más de una ocasión se la vio que le corrían las lágrimas por no poder darles zapatos a todos.

Allá hizo clases de técnico manual a las niñas de 5º y 6º básico, enseñándoles a bordar. En las conversaciones catequizaba a las apoderadas de los alumnos. Aunque le costaba caminar, no dejaba de ir a visitar a las familias que la recibían como bendición de Dios. En la comunidad era muy acogedora y perfecta dueña de casa, atendiendo con mucho cariño a quienes iban a visitarlas.

Diez años más tarde es enviada a la comunidad del Bosque para ayudar en la enfermería y desde ahí estuvo destinada a la comunidad de Hurtado pero una fractura de cadera la lleva a reponerse en esta casa Santa María de la Encina y ya se queda feliz como miembro de esta comunidad donde sirvió primero en enfermería y luego en costura hasta que a mediados del 2009 su salud ya más delicada la hizo ser parte de la enfermería. Desde entonces no dejó de ayudar en la medida de sus posibilidades  pero el servicio mayor ha sido su oración constante por  nuestra Sociedad, por la Iglesia, y por el mundo.

Después de celebrar este año las fiestas patrias con mucho entusiasmo, el 20 recién pasado sufre un accidente vascular y entra en un sopor profundo hasta que el 22 por la noche nos deja para encontrarse plenamente con el Señor en completa paz.

Siempre se destacó por ser agradecida, delicada, prudente, por su mucha caridad, abnegación  y su ser espiritual. Era austera y vivía muy profundamente el voto de pobreza. Llamaba la atención que en cuanto era consciente que su actitud no había sido  conveniente, reconocía su falta y  rápidamente pedía perdón en gran humildad. Así, hacía vida lo que Santa Magdalena Sofía, nuestra fundadora nos dice: “No te entristezcas nunca cuando falles, solamente redobla tu humildad y tu confianza en Jesús”.

Testimonio y regalo de María Mellado, amiga de la comunidad de La Encina, para la Hna. María Riquelme quien, durante los diez años, cada domingo se acercaba a preguntarle por ella y por su hija.

Hermana María Riquelme, pasaste como una suave brisa iluminando con una sonrisa.

 Fuiste flor entre las flores ofrendando sin temores una vida entera para Dios.

 Ahora a su lado te ha llamado, solo queda agradecerte y algún día encontrarte.

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Comentarios

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comillasQue hermoso pensamento! Como comunidad nos unimos fraternalmente a celebrar el paso de Dios entre nosotras con la Pascua de la hna. María Riquelme, que con su sencillez y su sonrisa hizo una entrega de vida silenciosa y llena del amor de Dios.
Un abrazo cariñoso para la Cdad. de La Encina y familia de María Riquelme,
Comunidad Ana Du Rousier, Michaihue. comillas

Comunidad de Michaihue Publicado el 24 de septiembre de 2012 a las 23:09:07

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