La mujer que siempre reza

Publicado el 10 de mayo de 2013 | No hay comentarios.

“La mujer que siempre reza” Los Potowatomi qué vieron a Fhilippine de qué dan testimonio? Me atrevo a decir que vieron en ella su actitud contemplativa, experimentaron la fuerza de la oración. 

Fhilippine  interiorizó la vida del pueblo Potowatomi, rompió la indiferencia, se hizo sensible a su sufrimiento, se atrevió a pensar la realidad en forma diferente. Ella mostró el corazón de Dios... me gusta imaginar que ella gasto su vida por los demás a través de gestos sencillos, gestos compasivos, poniendo a Jesús en el centro, Él es el que da sentido a su amor por todas las personas, Jesús es la fuerza de Fhilippine para vivir con responsabilidad y confianza, vivir con esperanza.

Esta simple reflexión  me surge luego de visitar St Charles, Florissant, Sugar Creek Kansas. Me parecieron lugares tan simples, nada de ostentaciones. En los alrededores del parque de Sugar Creek, ¿qué encontramos? ¿qué vemos?...casi podríamos decir “nada” y es en  este espacio donde se experimenta el espíritu de Fhilippine. La unión de la simpleza y la hondura, de la fuerza de la fe de esta mujer en Dios. Dios ciertamente es su todo, sobrecoge el corazón imaginarse los largos viajes, lo duro que tuvo que haber sido, pero sobre todo lo que más me habita es la grandeza de su entrega, la certeza del amor de Dios, la fuerza de su presencia, la hondura de la alegría que Dios deja en nuestras vidas.

La vida de Fhilippine es para mi vida un gran regalo de la manifestación de nuestro carisma. Siento que el corazón de Fhilippine estaba en el corazón de Dios. ¿Qué seguridad tenía ella para emprender tan largo y desconocido viaje?, quizás solo la certeza de encontrar personas que necesitaban consuelo. 

¿Cuál fue el impulso que condujo a Fhilippine?, quizás el amor que ella misma experimento de Dios, amor que la reconcilio consigo misma y que limpio su mirada para amar sin límite... La fuerza de su vida estaba enraizada en Dios.... ese era su entusiasmo y solidez interior.

Fhilippine está hoy en mí de una manera nueva, no sólo por lo que ella es para la Sociedad, sino sobre todo porque ella encarnó la presencia de Dios en su época, y hoy lo experimento como una llamada, enraizada en nuestro carisma, manifestar el amor de Dios en la nuestra.

Mi corazón se me va a mi Tierra, a Chile, donde estamos celebrando este año los 160 años de la llegada de las primeras religiosas. Para mí, es una feliz coincidencia que Ana du Rousier antes de viajar a Chile llegara a St Louis, poco antes de la muerte de Filipina, para recibir la bendición de ella. La historia, es también un presente de anuncio del amor de Dios como bendición para nuestras vidas, anuncio de que el amor nos sana y hermana como humanidad, anuncio de que Dios está en medio de su pueblo. Sencillamente creo que al igual que en el ayer, hoy nuestro carisma es un regalo para aliviar el sufrimiento, curar, reconciliar, hacer la vida más sana y más digna.

Olinka Vergara rscj

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