Preparándonos a la celebración de los 160 años de la fundación de la Sociedad del Sagrado Corazón en Chile

Publicado el 13 de mayo de 2013 | No hay comentarios.

Nos reunimos en nuestra Capilla ante el Santísimo  expuesto e iniciamos nuestra oración con el canto: “Como semilla pequeña”.

Primero, vimos cómo influyó la historia de la infancia y juventud de Ana du Rousier en su vida religiosa y en su misión apostólica. Su personalidad fue forjada a partir de la trágica muerte de su padre y por la dureza de su madre que se opuso con tenacidad a que entrara en la vida religiosa; incluso, al partir Ana, dejó en claro que dejaba de existir para ella como hija. Todo esto le moldeó un carácter fuerte para enfrentar todas las dificultades, contrariedades o cualquier cosa que se opusiera en contra de lo que el Señor le va pidiendo a lo largo de su vida. Así, Dios vigorizó su espíritu misionero y su valentía para emprender todo lo que hizo por la Congregación en los países donde la envió la obediencia y, especialmente en Chile a través de la obra de la educación.

 Después compartimos la siguiente pregunta:

¿Qué te ayudó a ti antes de entrar en la Congregación del Sagrado Corazón, para responder al llamado de Nuestro Señor? Por ejemplo: personas, lugares, situaciones, hechos que te   ayudaron a  “no echarte para atrás”, etcétera. 

Con sencillez, cada una fue contando algo de lo vivido. Varias de nosotras recibieron el llamado, como los obreros de la “primera hora”, siendo muy jóvenes y también algunas, desde pequeñas sintieron que había algo especial en su vida y que Dios se les manifestaba de algún modo.              

Otras, “como los obreros de última hora”, respondieron al llamado después de huir ante la idea de ser “monja”, por mucho tiempo, pero al fin triunfó el Señor, que les dio el valor de  responder con generosidad a su llamado.

No siempre fue fácil. El amor por la familia, hizo difícil tener que cortar esos lazos familiares y dejarlo todo por Él. Una de las hermanas, no le dijo a nadie lo de su vocación, solamente a su madre. Así se libró de los comentarios de las personas y de la familia sobre “ la locura de dejar la vida para encerrarse en un convento”…

Una dió gracias a Dios por el don de la vocación, recordando a su madre, mujer de oración. Ella le enseñó a rezar y la orientó en su vida de piedad. Nunca obligó a sus hijos, por ejemplo, a ir a Misa, solamente les decía: “Hijos, voy a Misa” –y ellos decían- “Yo voy contigo, mamá”.En una reunión en el Colegio de Concepción, le llamó la atención una monjita risueña y que se la veía muy contenta. Fue un testimonio que la movió a querer ser una “monjita como ella”. Era la Hermana Mercedes Montero.

Otra, cuando joven, no conocía nada de la vida religiosa. El testimonio de un seminarista, al verlo rezar, le ayudó. También, cuando vio que su camino era el seguimiento de Cristo, su padre la animó: “Tú, sigue con tu idea”, ante la negativa de su madre que no veía esta decisión de su hija.

En los testimonios aparecen las influencias de varias RSCJ, por ejemplo, las Madres Adriana  Fontaine, Consuelo Serrano, la Lucía Errázuriz, Elvira Henríquez., Mercedes Navarro, las Hermanas Guillermina Galarce, Luz Tapia, Mercedes Montero y tantas otras RSCJ que, con su testimonio despertaban en las niñas y en las jóvenes el deseo de entregarse al Señor en la vida religiosa.

 “Siempre tuve vocación”, nos confidenció una de las hermanas. La enfermedad de su madre causó serios problemas económicos en la familia. El Padre Pincheira S.J., le ayudo a buscar   trabajo y la puso en contacto con la madre Lucía Errázuriz quien le dio trabajo y la ayudó en  la búsqueda de responder al llamado del Señor. Tuvo gran influencia en ella, la Hermana Luz Tapia por su acogida y delicadeza para recibir a los que llegaban a la Maestranza, siempre sonriente y con su exquisita amabilidad para con todos.

 Otra hermana cuenta que nunca había pensado en ser religiosa. La marcó mucho la Confirmación y su trabajo pastoral en la parroquia. La mamá de una prima le pidió que  interviniera con su hija y tratara de hacerla desistir de ser religiosa, pero, después de tres  años, ella fue la que ingresó a la congregación y no su prima… La ayudó mucho el testimonio de las RSCJ que pasaron por Osorno.

 También hubo influencias, en varias de nosotras, de algunos sacerdotes que ayudaron a  discernir la vocación y orientaron a las vocativas, hacia la Sociedad del Sagrado Corazón.

Terminamos nuestra oración con una acción de gracias a la Santísima Virgen María, porque  no dudamos que  Ella estuvo muy presente en cada una de nuestras vidas y nos alcanzó las gracias y fuerza necesaria para dejarlo todo por Su Hijo, Nuestro Señor.

Terminamos nuestro encuentro con la Canción del Misionero.

 

Hna. Raquel Ayala rscj                                                                                                 Comunidad rscj de Villa Alemana

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