Testimonio de Voluntariado

Publicado el 30 de agosto de 2017 | No hay comentarios.

"Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Se tú el que aparta al pie del camino". (Gabriela Mistral)

Profesora de francés desde algunos años, siempre he tenido un gusto por el aprendizaje y los intercambios interculturales. Bélgica, mi cosmopolita y surrealista país de origen, me ha llevado a conocer gente de gran diversidad y abrir mi mente a valores diversos, ricos y profundos.

La elección de participar y colaborar en la comunidad de Madeleine-Sophie Barat empezó con el descubrimiento de una propuesta de las Hermanas del Sagrado Corazón para participar en un servicio voluntario internacional. Por lo tanto, decidí ir a conocer a las hermanas de la congregación para servir y descubrir las realidades sociales sobre el terreno.

Un viaje de solidaridad para cambiar su mirada y abrirla a cada vez más tolerancia, amor y empatía

"No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo." (El Principito – Antoine de Saint-Exupéry)

Después de un fin de semana de preparación al voluntariado en París, enfocado en la importancia de adoptar una postura humilde y positiva en un país anfitrión, llegué a Reñaca Alto, un pueblo de la región de Valparaíso en Chile, a menos de dos horas de Santiago. La comunidad me dio una calurosa bienvenida; las hermanas eran cuidadosas y generosas, así que me sentí como en casa. Gracias a su atención a los detalles más pequeños, me integré rápidamente y pude realizar acciones solidarias variadas.

Empecé mi experiencia uniéndome al trabajo de invierno de una asociación local creada por jóvenes chilenos. Pude participar en la construcción de un cuarto de baño para una familia desfavorecida. Colaborar con los voluntarios de la asociación "Reñaca más alto" y darme cuenta de que no dudan en dar su tiempo y energía para ayudar me llenó de admiración, entusiasmo y optimismo. En las semanas siguientes, seguí mi servicio voluntario con una variedad de actividades que me permitieron establecer relaciones y echar una mano dónde podía ayudar, como:

  • acompañar a niños de 3 a 4 años en la "Escuela de lenguaje Compañía de Jesús Reñaca";
  • visitar a familias en barrios difíciles;
  • ayudar a las actividades parroquiales;
  • hacer actividades y juegos con niños en el barrio de Villa La Cruz;
  • preparar y distribuir comida en un comedor ;
  • dar clases de inglés;
  • hacer jardinería y ayudar con la vida comunitaria ...

Aparte de estas actividades, aproveché mi tiempo libre para explorar los alrededores y el centro del país, así como para conocer las costumbres locales. Además, los tiempos de oración me permitieron realizar una relectura regular y consciente de mi experiencia de cada día.

Compartir la vida cotidiana de una comunidad de Religiosas del Sagrado Corazón de Chile durante más de un mes ha sido por lo tanto una oportunidad maravillosa para participar y viajar en una perspectiva de solidaridad, de fe, de fraternidad, de apertura a los demás y a sí mismo. También fue una oportunidad para seguir aprendiendo cómo luchar contra los estereotipos y los prejuicios a través del encuentro, del intercambio de opiniones plurales y de la apertura a diferentes maneras de pensar y aprehender el mundo.

Volví centrada en las riquezas del corazón... un alegre equipaje de esperanza

« Esta esperanza es un ancla firme y confiable para el alma; nos conduce a través de la cortina al santuario interior de Dios. » (Hebreos 6,19)

Este camino de amor y confianza me permitió superar las barreras culturales, darme cuenta de la importancia de la dimensión de la persona en todas nuestras acciones y volver a Bélgica con muchas ideas de proyectos solidarios a poner en marcha en mi trabajo y en mis compromisos de la vida cotidiana.

Esta experiencia rica y llena fue también una gran oportunidad para crear lazos y observar el coraje, la perseverancia, el afecto, la fe y la esperanza de los habitantes del pueblo y de las Hermanas. Además, me permitió descubrir la fuerza de acción en torno a proyectos prometedores para superar el sufrimiento y la exclusión.

Gracias a Quena, Elisa y Anita por su acogida en la comunidad con los brazos abiertos. Gracias también a Paula que se unió al grupo de voluntarios por su entusiasmo y su alegría de vivir. Gracias finalmente a todas las miradas, las sonrisas y las buenas palabras que transformaron este voluntariado en una experiencia de vida y de esperanza única.

Anne-Sophie

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