“Mi alma está turbada” (Jn 12, 20-32)

Publicado el 17 de marzo de 2018 | No hay comentarios.

Este domingo Jesús nos conecta con su sentir, por eso primero te invito a respirar profunda y lentamente, para iniciar esta lectura diciéndole al Señor: ¿cómo me siento?

Dice el evangelio que unos griegos querían conocer a Jesús, es decir, no judíos del pueblo escogido, sino otros considerados paganos, han recibido la buena noticia de Dios, por medio de las palabras y gestos de Jesús. Su mensaje se está expandiendo, podemos pensar fácilmente que está siendo exitoso en su anuncio, que todo va bien encaminado, pero cuando Felipe y Andrés llevan a estos griegos ante Jesús, él nada dice de eso. Jesús comienza a hablarles de la muerte, un discurso sobre un grano de trigo que se deja pudrir en la tierra para dar fruto, les habla de desprenderse de la vida, de darse, de desgarrarse, de servir como Él, hasta el extremo, para encontrar así, vida eterna. Y Jesús continúa diciendo “mi alma está turbada”, otras traducciones dicen “mi espíritu está agitado”. Jesús en medio de la expansión del anuncio del Reino, quiere contarnos que está turbado, agitado, angustiado… con miedo. El anuncio de un Reino de justicia, amor y misericordia con todos, sin excepción, y su coherencia de vida, lo llevarán tarde o temprano a la muerte. Y en medio de ese profundo sentimiento, en que su alma está turbada nos dice: Y ¿qué voy a decir? ¿Padre, líbrame? Y luego es enfático: “No, para eso he venido”. La gloria de Dios consiste siempre en que la humanidad viva en plenitud, sin cadenas, sin tropiezos, sin injusticias, sin marginación, sin exclusión; en síntesis que cada ser humano conozca la felicidad y eso es lo que Jesús anunció y vivió.

Me hacía pensar en nuestros propios momentos de turbación, de angustia, de miedo a causa del anuncio de su Reino. Y en este mes en que la sensibilidad del mundo es en torno a las mujeres me hace pensar como también nosotras mismas, Mujeres de Iglesia, muchas veces nos vemos enfrentadas a ser como el grano de trigo que necesita morir para dar fruto, necesitamos dejar morir los estereotipos que tan fuertemente recaen sobre nosotras y que engañosamente nos prometen felicidad. Tenemos que dejar de ser sumisas, dóciles, silenciosas, serviles, aunque eso nos traiga incomprensiones, la promesa es que esas pequeñas muertes serán para dar más vida, y no sólo a nosotras, sino a las nuevas generaciones y a las relaciones nuevas que podemos construir varones y mujeres en la sociedad y en nuestra Iglesia.

Otras veces, experimentaremos también la muerte, cuando por nuestra coherencia, al igual que Jesús, arriesguemos nuestra palabra y nuestra acción y por ello, nos abandonen, incluso aquellos a quienes creíamos nuestros amigos. Pero ahí podemos volver a repetir con Jesús: ¿Qué vamos a decir? ¿Dios, líbranos? No, como Jesús, queremos decir “No, para esto, la Ruah hoy nos está animando”, para que Dios sea glorificado también en la vida plena de las mujeres de la Iglesia. Porque este es el tiempo de la nueva alianza, el tiempo futuro del que habla el profeta Jeremías en la primera lectura, porque ya nadie nos tiene que “adoctrinar”. Dios ha puesto su ley en nuestros corazones por el Espíritu Santo que Jesús nos dejó, ya todos Le conocemos; el maestro, el Dios con nosotros, pero también el hombre del alma turbada ya fue levantado y sigue atrayéndonos hacia él y hacia la vida en plenitud que Él vino a anunciarnos.

Que en el andar cuaresmal preparándonos para la Pascua, nuestra vida dé cuenta de que ya fuimos salvados/as y que, como Jesús, nuestra única seguridad sea hacer aquello que está en lo más hondo del corazón, allí donde sigue estando grabada la Ley del Amor de nuestro Dios.

 

Bernardita Zambrano Chávez, Religiosa del Sagrado Corazón de Jesús

#elevangelioqueanunciamoslasmujeres

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