Salamat Panginoon Salamat (Gracias Señor, Gracias)

Publicado el 16 de julio de 2018 | No hay comentarios.

“Sagrado Corazón de Jesús, me ofrezco a ti, con tu amor incondicional, con el espíritu y las oraciones de Santa Magdalena Sofía, con el amor y apoyo de las religiosas del Sagrado Corazón de Jesús, de mis compañeros de misión y las personas de mi ministerio en SHIFT”. A pesar de que fueron tantos años aportando mi granito de arena al sueño de Sofía y nutriéndome a manos llenas del amor de Jesús y la riqueza de la vida en comunidad del Sagrado Corazón de Apoquindo, este compromiso fue novedoso y especial. Lo hicimos como voluntarios en la misa del Día del Sagrado Corazón en Sophie's Farm en Mondragón, Filipinas. Previamente, la hermana Lydia Collado rscj había renovado sus votos, casi 25 años desde que hizo los votos perpetuos.

Mondragón es una pequeña localidad que… no. Eso no es lo importante. Al menos no es lo central. Lo importante de Mondragón y Sophie’s Farm es su gente. Maravillosa, amorosa y trabajadora gente. Que forma de sentirme querida y aceptada solo por el hecho de estar, por haber llegado hasta ellos. Agradecidos, curiosos, inquietos. Son alrededor de 20 los que ahí trabajan, en su mayoría veinteañeros y deseosos de practicar su inglés y de aprender de este lejano país del que no tenían referencias. Con mi hija Ignacia (21) fuimos a hacer trabajo voluntario, dispuestas a dormir cansadas, a hacer lo que ellos necesitaran. Sin embargo, fueron ellos los que siempre estuvieron atentos por hacer nuestra estadía más placentera. Que otra almohada, un gancho de ropa, cambiar el bidón de agua. Me llevo en el corazón sus historias de vida, que en nuestro paso por Manila, la hermana Digna, Provincial, me encargó escribir.

Vecina de la comunidad de Doña Lucía, un poblado de un centenar de casas modestas, Sophie´s Farm fue fundada por las rscj en 2004, como sede de la fundación SHIFT (Sacred Heart Institute for Transformative Education). Con presencia en la zona desde 1986, las rscj compraron esta parcela de un par de hectáreas en la ladera de un cerro a metros del mar. Es un espacio en el que se conjugan distintas iniciativas impulsadas por la Congregación para apoyar a esta región, la tercera más pobre de la isla de Samar y dentro de las 10 más pobres del país. Son 6 los ministerios que se ahí se desarrollan: una huerta orgánica, vivero de plantas ornamentales, jardín infantil, taller de costura para las mujeres de Doña Lucía, arriendo de salones para seminarios y la articulación de la pastoral de la Universidad del Este de Filipinas (a pocos kilómetros de distancia).

Con Ignacia habíamos hablado de lo que nos encontraríamos y sabíamos que la palabra escasez y carencia estaría asociada a cada conversación. Sin embargo, al pasar los días descubrimos varias riquezas inesperadas:

 

La riqueza de una vida acompañada de la oración. Sagrado Corazón de Jesús… en vos confío. Una y otra vez, varias veces al día, ofreciendo el trabajo, los alimentos, los viajes, la vida compartida. Había previsto tener con la hermana Lydia conversaciones más pastorales como las que tanto he disfrutado con la Quena rscj o la Chabe rscj, pero no fue así. Ella me mostró a Jesús de otro modo: con su trabajo de hormiga y de gerente, siendo mamá y profesora. Atenta al reencuentro familiar de uno de los colaboradores como de una joven que está en etapa de discernimiento. Gran mujer, con una capacidad de trabajo infinita y una ciega fe en que Dios proveerá.

Me encontré también con la riqueza del trabajo con las manos. Nunca quietas, mis manos hicieron moldes, excavaron, cortaron telas y cartulinas, letras de colores, cocinaron, lavaron, cosecharon lechugas y después las sembraron y trasplantaron. Mis manos doblaron sábanas y manteles, plantaron porotos y berenjenas. Mis manos no pararon y eso les hizo bien.

Finalmente rescato la riqueza de una vida sencilla. Cerca del sol, de la lluvia, de los truenos, del mar y de la tierra. Sin lujos y sin nada que faltara. “Deja todo y sígueme, deja todo y sígueme”. Imposible no sentirse seducida por la liviandad y libertad de tener lo necesario y nada más. De ver la abundancia en el amor de Dios y saber que eso es suficiente.

¿Carencias? Si, obviamente que las había. Hay pobreza, donde si bien pueden comer arroz y lo que ese clima les regala, no tienen para nada más. NADA más. Compartí los sueños de Roque (40) mientras nos encargábamos de las lechugas. “Necesito cuatro cerdos, con eso puedo partir mi propia granja”. Ninfa (65), con quien entablé una amistad mientras cocía un encargo de 400 bolsas de género me dijo cuándo le comenté lo lindo y terso de su cutis: “Es porque no me quedo preocupada por mis problemas. Es por eso que no envejezco. Yo soy pobre pero no lloro”. Norlissa, con quien entre lágrimas compartimos la muerte de nuestros padres, ambos víctimas del cáncer. En su caso, sin acceso a ningún tratamiento ni paliativo.

¿Y mis carencias? Las veo con mucha claridad. Las casi cuatro semanas fue poco tiempo. Me faltó flexibilizar la poca costumbre de estar mojada todo el día por el calor. Visto hoy, que ridiculez tanta ducha, ni se alcanzaba a secar la toalla. Me faltó ser valiente para irme a alojar a Doña Lucía, no por temor a la seguridad, sino que por miedo a la incomodidad. Me faltó saber hacer más cosas, estar más preparada, para dejar algo más concreto en mi paso por la granja de Sofía.

Agradezco infinitamente la iniciativa de mi querida Ignacia que me invitó a esta aventura no porque ella no tuviera la fortaleza para enfrentarla sola, sino que simplemente porque quería hacerlo conmigo. Estoy tan orgullosa de mi Negra, siempre lo he estado.

 Agradezco a mis amigas monjas en Chile, que preguntaron y preguntaron hasta que hubo un donde pudimos entregar nuestras energías. Y también siguieron de cerca mis semanas allá. Qué maravilla que existan las redes, que como brazos invisibles nos permiten abrazar lugares y gente que hasta entonces eran inexistentes. Sigo fan # 1 de las rscj, en las que hasta ahora no he encontrado más que pragmatismo, fortaleza, fe y convicción.

Sagrado Corazón de Jesús, gracias por amarme e invitarme como tu compañera de misión y voluntaria para construir tu Reino aquí en la Tierra.  Así termina la oración de compromiso. La habíamos traducido del inglés esa mañana. La hermana Lydia la escribió y todos los años la repiten los voluntarios de la granja. Sin embargo, no fue hasta que la leí en español, enfrentando a mis compañeros de misión, (quienes no entendían las palabras, pero conocían muy bien el contenido), que el peso de lo que decíamos, se asentó en mi corazón.

 

Salamat Panginoon Salamat
(Gracias Señor, Gracias)

Paula Peters

Ciudad de Panamá, julio de 2018

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