"Volver a La Palabra" (Mc 10:35-45)

Publicado el 21 de octubre de 2018 | No hay comentarios.

Durante el último tiempo hemos visto con dolor cómo salen a la luz innumerables casos de abusos sexuales, de poder y de conciencia cometidos por sacerdotes y religiosas hacia personas inocentes. Nos duele profundamente nuestra Iglesia, esa Iglesia que hemos amado tanto, pero que a ratos sentimos ajena y despiadada. 

A veces nos dan ganas de “cerrar por fuera” y abandonar esta Iglesia que ha hecho tanto daño y cuya estructura jerárquica y heteropatriarcal ha excluido, oprimido y alejado a muchas personas que aman a Cristo. 
Sin embargo, en estos momentos de dolor, volver a la Palabra nos da claves de consuelo y genuino reencuentro con el Padre. La respuesta a sobre cómo construir y re-construir nuestra Iglesia, se encuentra única y exclusivamente en la Buena Noticia de Jesús. 
Tal vez la crisis de nuestra Iglesia tiene que ver con que estamos actuando como Santiago y Juan, que piden a Jesús quedar en los primeros lugares. Tal vez los anhelos de poder nos han cegado. Tal vez la estructura de nuestra Iglesia está podrida, porque quienes ocupan los cargos de poder no están dispuestos a servir a los demás y en cambio, quieren ser servidos. Dice el Señor: “Los que se consideran jefes de las naciones actúan como dictadores y los que ocupan cargos abusan de su autoridad.” 
Sin embargo, quienes queremos vivir según el Evangelio, también somos Iglesia. No sólo lo son quienes ocupan cargos de poder. Construir la Iglesia es tarea de todas y todos. En el evangelio de hoy, Jesús dice a sus discípulos: “La copa que voy a beber yo, la beberán también ustedes y serán bautizados con el mismo bautismo que voy a recibir yo”. Definitivamente ser Iglesia no es un camino fácil, porque somos humanos y al igual que Santiago y Juan, tenemos anhelos de poder y nuestras propias miserias nos hacen caer una y otra vez. Pero el Señor es claro en su mensaje: “El que quiera ser el más importante entre ustedes, debe hacerse el servidor de todos, y el que quiera ser el primero, se hará esclavo de todos. Sepan que el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir”. 
Ser Iglesia es eso, servir. Nada más. Es tan claro y evidente y nos cuesta tanto (nos ha costado siglos) llevarlo a cabo. La Iglesia que el Señor quiere para nosotros es aquella horizontal, transparente, que sirve a los oprimidos e incomoda a los poderosos. Como bien dice Esteban Gumucio sscc, es una Iglesia “con rostros de pobres y rostros de hombres y mujeres, que cantaban, que luchaban, que sufrían. La Santa Iglesia de todos los días.” Esa es la Iglesia que debemos construir y por esa Iglesia, que sirve a los demás, vale la pena seguir luchando.

María Magdalena Jiménez C., cevequiana y médica.

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