Ivone Gebara en Chile

Publicado el 02 de abril de 2019 | No hay comentarios.

Agradecemos al Centro Ecuménico Diego de Medellín la iniciativa de invitar a la teóloga Ivone Gebara y de organizar estos espacios de reflexión sobre la violencia contra la mujer, con a otras organizaciones que trabajan contra este terrible mal que destruye la vida de tantas mujeres.

Durante los tres días en los que Ivone estuvo compartiendo con nosotras su reflexión teológica, espiritual y feminista, conocimos también muchos grupos de mujeres que se han organizado para ayudar, levantar y trabajar por los derechos de la mujer: Fundación Libera, Gemrip, Fondo Alquimia, Sur, INDH, Observatorio género y equidad, Sedec, Mission 21, Conspirando, Ni una menos, Familia es familia y otras.

Ivone Gebara llegó en un momento en que los católicos en Chile buscamos respuestas a la corrupción del clero y de la jerarquía de la Iglesia y, en ello, enfrentamos muchos y profundos desafíos. Especialmente las mujeres estamos invitadas a hacer el camino de deconstrucción de la imagen y concepto de iglesia y la teología patriarcal que está en la base de esta decadencia. Esta deconstrucción comienza con la comprensión de la religión como una creación humana, una respuesta débil de los seres humanos al misterio mayor que involucra la vida y el universo. Nuestras religiones, y también el cristianismo, son respuestas, explicaciones, valores e imágenes de Dios, siempre limitadas y pobres, que nos vamos creando y que internalizamos y asumimos a veces como leyes. Dios trasciende siempre nuestras ideas y estructuras, nuestros credos y ritos. Constantemente él nos remite a “algo” que está muy dentro del ser humano, de la vida del universo entero. La experiencia de Dios nos desafía a cambiar y resignificar nuestros ritos y conceptos para hacerlos un poco más capaces de expresar lo que descubrimos de Dios cada vez nuevo y mayor.

 

La teología patriarcal que hemos internalizado y que identificamos naturalmente con el cristianismo, nos transmite una imagen de Dios todopoderoso, que ejerce su fuerza para actuar, que es juez, que pide sacrificios… Dios pareciera ser una divinidad protectora de los que no “transgreden el orden”, como una proyección exclusivamente masculina que se considera lo más perfecto. Una imagen así, que suprime la diversidad, divide, discrimina y castiga, incluye mucha violencia y conduce necesariamente a un fundamentalismo para sostenerse e imponerse. Y la violencia, al buscar la respuesta y solución inmediata por la fuerza que destruye, se contagia y nos enseña a defendernos con la violencia reactiva.

 

Las mujeres vivimos, la mayoría inconscientemente, una inferioridad internalizada. Ante la falta de protagonismo público vamos comprendiéndonos como excluidas. Es una forma de violencia que tenemos naturalizada y que nos han enseñado que es ley. Como mujeres estamos invitadas a salir de las relaciones humanas violentas reconociendo el derecho a ser diferentes, valorando nuestra dignidad como igual a la de todos y todas. Es un camino que ayudaría al cristianismo a salir del fundamentalismo que, al creerse “supracultural”, se mantiene cerrado y rígido. La misoginia en el fundamentalismo cristiano se expresa como miedo al poder de las mujeres, representadas en las dos grandes figuras de Eva y de María Magdalena. El temor al poder que ellas asumen y ejercen se expresa en la creencia de que el demonio entra en su cuerpo y a justificar así su rechazo y la violencia contra ella.

 

La nueva casa necesita nuevos fundamentos. Porque no está todo dicho, porque lo que nos dice hoy el “Credo” no es absoluto ni completo. En los evangelios hoy podemos seguir descubriendo nuevos fundamentos, otras bases, diferentes dimensiones de nuestra experiencia de Dios en Jesús. La dimensión ética y valórica evangélica necesita nuevas formas, nuevas estructuras, nuevas teologías.

 

La dimensión ética del cristianismo, y de todas las tradiciones de sabiduría, le recuerda al ser humano que no puede vivir desde su animalidad, dejando que “el bruto” domine como lo hace en el individualismo, la violencia, el narcisismo. Las tradiciones de sabiduría nos educan la parte tierna de nuestro ser, ayudan a que desde nuestra animalidad nazca la ternura.  En la tradición de Jesús se destacan tres acentos éticos:

 

-la atención a las personas que sufren, a toda forma de sufrimiento en la naturaleza y en la historia configura una relación con el otro/lo otro en la que su sufrimiento me afecta, me modifica.

-la alegría que hay en el compartir: el que guarda para si se entristece, lo que se guarda se echa a perder. En el gesto de compartir se experimenta la trascendencia del otro y la propia.

-perdonar, “camino a través del don”, que permite rescatar la vida, lo que se ha dañado, la relación o a la persona que se ha dañado. Proceso que se hace lentamente a través del don de otros para que la cicatriz no nos impida vivir.

 

Estos valores importantes para la convivencia necesitan ser nutridos. Nutrimos la ternura, la trascendencia, el perdón en encuentros y celebraciones en pequeños grupos en los que recordamos la tradición de Jesús: compartir el pan que soy y que los otros son para mí.

 

Sofía Baranda rscj

 

También recomendamos leer una entrevista que realizó el diario El Desconcierto a Ivone Gevara, haga click AQUÍ para acceder a la noticia

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