Carta Bárbara Dawson

Publicado el 25 de marzo de 2020 | No hay comentarios.

¡Saludos desde Roma!

Queremos compartir con ustedes que, ante la magnitud de esta pandemia y la posibilidad de que el viaje a Italia se hiciera potencialmente imposible, decidimos acortar nuestras visitas a América Latina y regresar a Roma. (...) Después de un viaje de cuatro días a través de siete aeropuertos y seis ciudades (Caracas, La Habana, Ciudad de México, Madrid, Frankfurt, Múnich, Roma) gracias a la ayuda de Cuca Maset, Reyna González y nuestras hermanas de Venezuela y España. Los miembros de nuestra comunidad, Isabelle, Yuka, Bernie y Margaret, que nos acompañaron durante el viaje a través de nuestro grupo de WhatsApp, estaban en la puerta de entrada para saludarnos cuando llegamos. Anne Corry, nuestro noveno miembro de la comunidad, sigue en Australia a donde fue para el Capítulo provincial, y parece que se quedará allí por algún tiempo debido a las prohibiciones de vuelos a Italia. Para nosotras cuatro es una alegría poder estar en casa a pesar de que ahora tenemos que observar una estricta cuarentena de dos semanas. Como tantas personas en nuestro mundo, esta experiencia nos llama a la paciencia, la creatividad, la humildad y la confianza (¡entre otras cosas!).

El mundo ha cambiado en la última semana; nos ha movilizado a todos y la vida cotidiana de cada uno de nosotros está profundamente perturbada. Hemos recibido información de muchas provincias y cada una está tomando los pasos necesarios para enfrentar esta situación sin precedentes, en particular en el cuidado de nuestras hermanas mayores. Estamos muy agradecidas por todos nuestros colaboradores, especialmente por el personal de las enfermerías de las casas de mayores donde viven nuestras hermanas. Hasta ahora, las noticias que estamos recibiendo de las diferentes provincias son buenas.

Como saben, Italia es uno de los países más afectados. Tenemos dos Casas de Mayores en Italia, ambas en el norte del país donde el coronavirus es más virulento. Hasta ahora, nos sentimos bendecidas porque nuestras hermanas italianas estén bien. Mientras escribo esta carta en mi habitación, el espíritu del pueblo italiano está muy presente a través de las canciones que escucho desde los balcones de nuestro barrio. Por favor, recen por este país, que está sufriendo ahora y seguirá sufriendo en el futuro.

El virus también está teniendo un impacto en nosotras como Congregación a nivel internacional. Algunas provincias han tenido que posponer su Capítulo provincial. (...) La Conferencia internacional de directores de colegios del Sagrado Corazón, que debía celebrarse en Miami en abril, se ha transformado en una conferencia virtual y estará disponible en línea. Las provinciales de Europa cancelaron su reunión en Roma (...).

Es un fenómeno sin precedentes que la gran mayoría del mundo está experimentando como una amenaza común. Me llamó la atención un artículo en el NY Times de Thomas Friedman, un destacado autor y periodista, que leí en el aeropuerto de México en el que dice “nuestro planeta no sólo está interconectado, sino que es interdependiente y, en muchos sentidos, incluso está fusionado”. Quizás este momento nos está dando la oportunidad de ver el mundo con ojos nuevos.

Para nosotras como Religiosas del Sagrado Corazón, la pregunta es ¿Quién nos está invitando Dios a ser y cómo nos invita a actuar la una con la otra durante este tiempo? A la luz del coronavirus, ¿qué significa ser artesanas de esperanza en un mundo bendecido y roto? ¿Cómo estamos llamadas a ser más humanas en el estilo radical de Jesús? ¿Cuál es la acción transformadora del Espíritu que experimentamos en el silencio? ¿Qué fronteras se me pide que cruce y qué vida se me pide que acompañe en las periferias? ¿Con quién y cómo estoy llamada a vivir una nueva solidaridad?

Antes de terminar esta carta, me gustaría compartir una reflexión que tuve durante nuestro viaje a Roma. Unos días antes de dejar Venezuela, visitamos el hospital público local en Cumaná, donde nuestra nueva hermana profesa, Julie, trabaja como doctora en la sala de emergencias. Fue, por decir lo menos, una situación muy aterradora y dolorosa, ver el sufrimiento del pueblo de Dios. Mientras viajábamos de vuelta a Roma, seguí viendo a los pacientes en esa sala de urgencias tan grande y llena de gente, que venían atendidos por doctores bien preparados pero que no tenían el equipo o la medicina que necesitaban para ayudar a sus pacientes. Esta situación existe porque muchos de nuestros países que forman este “mundo fusionado” han puesto un embargo a Venezuela. Si bien este embargo concierne principalmente las diferencias políticas y económicas entre los gobiernos, si el coronavirus se intensifica en Venezuela, la gente con la que vivimos y trabajamos seguramente morirá al igual que muchas personas marginadas en todo el mundo. Mientras íbamos de un avión a otro durante los cuatro días de viaje, no dejaba de reflexionar sobre cuantos privilegios y qué seguridad tenemos como miembros de la Sociedad y cuántas de nosotras viven con un pie en dos mundos. Algunas de nosotras podemos morir en esta pandemia, pero no es porque no tengamos lo que necesitamos. Y, por supuesto, mi segunda reflexión fue sobre ¿cuál es mi llamada y la nuestra en medio de todo esto?

Les dejo con este pensamiento de Richard Rohr OFM:

El sufrimiento es una experiencia universal que ocurre a través del espacio y del tiempo, revelando la verdad de que descender, atravesar y entrar en lo desconocido puede ser poderosamente transformador.

Recemos por cada una de nosotras mientras vivimos este camino juntas como un Solo Cuerpo, por nuestra gente y nuestras familias, y especialmente por nuestro mundo.

Con cariño y oración,

Barbara RSCJ

 

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