¡Qué espina me desgarra!

Publicado el 13 de abril de 2020 | No hay comentarios.

Santa Magdalena Sofía escribe desde la ciudad de Roma Italia, a la Madre de Rozeville, el 24 de Octubre 1837 y dice:

“He recibido, querida Madre, tu carta del 12 y no he podido leerla sin enternecerme… Puesto que ha sido del agrado del Señor, escuchar tus oraciones, pídele, con el mismo fervor, que me haga digna de gobernar esta familia y que me conceda almas según su Corazón para reemplazar las pérdidas que tenemos cada día. ¡Es un gran dolor!

Si hubieras visto, como yo lo he visto, el vacío que dejan en la Trinidad las que el Señor se ha llevado, compartirías mi tristeza, me invade en todo momento. Cuando fui a hacerles la primera visita, dos niñas de doce y trece años abrieron nuestra portería, ¿por qué no están en la escuela?, les dije. ¡Qué pena!, dijo la mayor, la escuela está cerrada, nuestra Maestra está “en el cielo”. ¡Qué espina me desgarra! En efecto, no tienen a nadie y no pueden reabrir las clases. Y esta juventud ¡había ganado ya tanto! He pedido a nuestras Madres que se carguen de más trabajo y envíen Hermanas mientras nos mandan  algún socorro. Estas niñas van a perder en unos meses lo que habían ganado con tanto trabajo por parte de sus maestras durante unos años.

En Santa Rufina, otro espectáculo desgarrador. Mi visita a la sala de asilo fue de lo más conmovedora. Me presentaron niñas privadas de padre y madre, abandonadas en la calle y recogidas por otros pobres, cargados de mucha familia, por tanto estas niñas están mezcladas con todos en los mismos jergones. Las lágrimas se me caían sin quererlo. He dicho a nuestras Madres que recojan a las más abandonadas; nos las traeremos cuando tengamos la casa grande… Estas pobres Madres están también apretadísimas y llenas de deudas porque las niñas no pueden pagar su pensión, única entrada de Santa Rufina. No importa, acogeremos a estas pobres niñas, la divina Providencia vendrá en nuestra ayuda. La Hermana D. estará muy contenta de alimentar, no a los gatos, sino a estas pobres criaturas de Dios. Tampoco a los primeros les faltará lo necesario; yo no quiero ver sufrir  a mi alrededor, además estos pobres animales, no han pecado.

Para tanto trabajo en nuestras tres casas tenemos muy poca gente. Nuestro Noviciado es poco numeroso… Nuestro Señor nos ayudará, tengo confianza; oremos y, sobre todo, hagámonos santas, religiosas perfectas y Jesús no se dejará vencer en generosidad; es toda mi esperanza. Las que el Señor ha dejado con vida tienen que ofrecerse a todo: con la virtud se hace el doble y se hace mejor.

Tu plan para los empleos me parece bien, puedes seguirlo, Sobre todo, que todas se esfuercen en las cosas espirituales y la casa marchará bien.

Adiós querida hija, porque tengo que terminar; recibe la certeza de mis afectuosos e inalterables sentimientos in CJM.

Barat”

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