Homilía misa Santa Magdalena Sofía

Publicado el 07 de junio de 2020 | No hay comentarios.

                                                                                 Reñaca Alto, 25 de mayo 2020

Feliz día de Santa Magdalena Sofía …

Una mujer pequeña y grande, desconocida e importante,  sabia y humilde, frágil y segura, una mujer de corazón grande para amar a muchos y muy concreta para amar a cada una y cada uno.

Una mujer profunda que confió en la fuerza de la vida y creyó hondamente en un Dios vivo, que la ama, que no abandona nunca y que mora en su creación y en sus creaturas, que las sustenta y recrea constantemente.

Una mujer abierta a su realidad, atenta a los acontecimientos que la rodeaban, comprendiendo la coyuntura histórica en la que le tocaba vivir y por eso consciente de las necesidades de su país, de la iglesia, de las mujeres, de la humanidad.

Una mujer abierta al futuro y al cambio, en ella y en la Iglesia y en la sociedad, y en la educación… Sofía, ella misma, cambió a lo largo de su vida, hizo su camino de conversión y aprendizaje movilizado por las diferencias que tenía que incorporar, las novedades y desafíos que los acontecimientos traían, por las demandas que las necesidades reales de la gente le imponían. No sólo atravesó pandemias, también crisis de fe, problemas económicos, conflictos políticos, intrigas, incertidumbre y confusión.

Sofía pertenece a una larga caravana de mujeres prácticas que aportaron en la historia con respuestas concretas, como las mujeres que seguían a Jesús y compartían con él sus bienes, las que se inclinaron ante Jesús y sencillamente lo ungieron, como las mujeres que hoy corren con sus cebollas y papas para cocinar para sus vecinos, las que atienden a su vecina anciana que vive sola… Como estas mujeres que reconocieron en ellas mismas la capacidad de actuar y que tuvieron el valor de intervenir aportando, la mayoría anónimamente, todo lo que tenían, sus dos monedas, su frasco de perfume, sus estudios, su fe, sus manos... para que otros estén mejor. Sofía fue una mujer que se implicó, amando activamente y participando creativa y generosamente en uno de esos tantos momentos de la historia en los que Dios renueva la humanidad.

Este rasgo de Sofía Barat como actora de su vida, no como víctima, profundamente creyente en la fuerza de Dios que está redimiendo la creación, deseosa de mostrar esa fuerza que es amor, justicia, hermandad, es quizá uno de sus rasgos más notables y que hoy nos puede ayudar a nosotras a pasar nuevamente por las crisis, las tensiones, incertidumbres que como humanidad volvemos a vivir.

La propia fragilidad, la de los demás, el sufrimiento de su gente, de su familia y de su país, la hizo co-creadora de esa renovación de la humanidad en un contexto también confuso y difícil.  Y toda crisis, ya lo sabemos, pone a prueba nuestra identidad, nuestro proyecto y nuestras relaciones. El miedo, la incertidumbre y la desconfianza nos hacen más vulnerables, dejan al descubierto nuestra precariedad. Sofía conocía su propia precariedad y pobreza. Sabía que no podía nada sola. Y este autoconocimiento, creo yo,  está en el corazón de su respuesta. Su proyecto es consecuencia de su conciencia de ser pequeña y de necesitar de Dios. Así también creo que ella miraba a los demás: todos pequeños y pequeñas necesitadas de Dios.

Sofía acompañó la precariedad de nuestra condición humana sin personalismos ni narcisismos, sin máscaras, sin competencias, sin carreras tras prestigios de ningún tipo. No ocultó sus miedos, dudas, dolores y enfermedades, no le escandalizaban las fragilidades y equivocaciones de los otros… Siempre se sintió respondiendo a un llamado de Dios y colaborando en su Plan. Se sabía sarmiento y no vid. Podemos aprender de ella a vivir este tiempo con realismo y con confianza, con humildad y con esperanza, sin perderle el cariño a la humanidad, aunque se nos muestre en toda su precariedad, con la paciencia y la fidelidad que necesita cualquiera que acompaña procesos de crecimiento, sin huir sino acercándonos para compartir como hermanas lo que acontece.

Los textos bíblicos que la liturgia nos propone para recordar a Sophie Barat nos ayudan a entrar en su sabiduría.

Sofía conformada con los sentimientos del Corazón de Jesús (Col3) : La carta a los Colosenses me hace pensar en cómo Sofía apostó por aprender y vivir las actitudes que recrean nuestra esperanza en el mundo: relaciones que nacen de la misericordia, de la bondad, de la humildad, de la mansedumbre, de la paciencia. Construir vínculos que nos den seguridad y que afiancen la certeza de que somos elegidas, santas y amadas por Dios. Un vínculo que supone amar hasta soportarse y perdonarse muchas veces. De allí nace la paz, del agradecimiento por lo recibido, por lo que el otro me da sin importarle mi pobreza.

Sofía apegada a Dios: Sin mí no pueden hacer nada… (Jn15) Sofía optó enfrentar la crisis de su tiempo con confianza y lo pudo hacer porque encontró una seguridad que le permitió vencer el miedo, salir de sí misma y abrirle cauces a la libertad y al amor. Su apego a Dios la hizo desapegada de sí misma.  Las necesidades de su contexto y tiempo la hicieron desprenderse de sus propios intereses y modos y la hicieron libre, flexible, disponible para dejarse llevar por esa fuerza de la vida, siempre más amplia, más honda y también más compleja. La crisis sacó de sí misma a Sofía, su proyecto personal tuvo que transformarse en un proyecto comunitario y en un proyecto educativo y de promoción social, de evangelización, incluso más allá de su país, cultura y continente.

Soltó muchas veces sus ideas, sus obras, metas, su imagen personal, sus intereses y ese desprendimiento no la empobreció para nada, al contrario, la enriqueció, la liberó para dejar espacio a Dios que pudo entrar con su fuerza creativa volviendo a suscitar vida nueva, esperanza y luz en ese lugar del mundo y en ese momento de la historia para la humanidad. Estar atenta a los demás, mirar más allá de su pequeña obra o interés, salir de su plan individual, la hizo una mujer desprendida y abierta al futuro.

Sofía sedienta del Dios vivo, de ver el rostro de Dios, con sed de vivir en su casa, sed de su luz y verdad, sed del Dios de mi alegría (Sl 43)  Su profundo anhelo de vida y vida digna,  abrió en ella fuentes de vida, de vínculos y de espacios de luz y sanación para otras y otros.

Sofía no huyó del mundo, no se separó, no actuó sola, sino que sembró seguridad saliendo al encuentro de otras y otros, incluyendo, tejiendo relaciones fraternas, abriendo espacios para la creatividad. La carencia y la vulnerabilidad la unen a otras y ese vínculo hace posible un nuevo proyecto humanizador.  Y su sed se encuentra con la sed de otros.  La sed, la fragilidad vivida con otras se hace luz y verdad, en ella se manifiesta el Dios vivo. La sed, liberar el deseo y seguir tras él, trae alegría y fecundidad en la vida de Sofía.

Y su gozo … Las tres lecturas están atravesadas por el tema de la alegría: La alegría como consecuencia de la gratitud, en la carta a los colosenses;  como deseo hondo del alma, en el salmo;  como deseo y regalo de Jesús, en el evangelio de Juan: dejarnos su alegría para que la experimentemos colmada…

Sofía, a lo largo de su vida, atravesando por todo esto que es parte de nuestra condición humana, conoce el gozo de Jesús y no lo suelta, permanece en él, dejando que sea él quien termine de colmar su alegría.

Pidamos a Sofía dejarnos de verdad afectar y transformar por la realidad y los acontecimientos que estamos viviendo… que aprendamos a desprendernos de nosotras mismas y abrirnos con confianza al futuro,

Pidámosle que haga brotar en nosotras un amor generoso conformado con el de Jesús, que este tiempo nos revistamos revista de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia, que aprendamos a enseñarnos mutuamente, que seamos más rápidas para soportarnos y perdonarnos unas a otras…

Pidámosle ver el rostro del Dios vivo en nuestra fragilidad, amada y salvada por él. Que perseveremos en la gratitud para hacernos parte del gozo de Jesús en nosotros, hasta que él lo colme.

Nuevamente, a través de Sofía, Dios nos recuerda la Buena Noticia de Jesús: tú no dejarás de amarnos, de ayudarnos y protegernos, porque nos amas con un amor infinito.

Nos confirma su amor fiel para que, libres de todo temor, vivamos seguras en él.

 

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