Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón

 

 

SOCIETÀ DEL SACRO CUORE

CASA GENERALIZIA

 

 

 

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. 

Roma, 23 de junio de 2017

Queridas hermanas, asociados y compañeros de misión:

 

Esta semana celebramos nuestra fiesta, la fiesta del Sagrado Corazón, en el pueblo de Kipako en Congo, en medio de las turbulencias en Venezuela, en la capilla que tenemos en el sótano de la Casa Madre aquí en Roma, en la casa de Sofía en Joigny, en las comunidades de nuestras hermanas mayores de cada continente, en un encuentro virtual con la familia del Sagrado Corazón en los Estados Unidos y Canadá, en una nueva y pequeña comunidad en el centro de la ciudad de Ho Chi Minh en Vietnam, y en cientos de lugares donde vivimos nuestra misión.

 

Hoy nos reunimos en una celebración eucarística de acción de gracias las religiosas del Sagrado Corazón, con amigos y compañeros de misión, para renovar públicamente nuestro compromiso de seguimiento a Jesús, confiando en la fidelidad de Dios, en el amor de nuestras hermanas y en el apoyo de tantas personas que comparten nuestro compromiso de hacer realidad el amor de Dios en nuestro mundo de hoy.

 

Al mismo tiempo que vivimos la certeza de nuestro compromiso de descubrir y dar a conocer el amor del corazón de Dios, vivimos un “momento histórico de cambio e incertidumbre”. Experimentamos el corazón traspasado de Jesús en las vidas de nuestros pueblos, de nuestros vecinos y en nuestros países. Oímos los clamores de los pobres, de los marginados y de los que no tienen voz, que en tantos lugares viven con amenazas de violencia internas y externas, de explotación económica y de destrucción de nuestra casa común, la tierra. La llamada y el desafío de encarnar el amor de Dios en este mundo complejo, hacen que vuelvan a surgir las preguntas que nos hicimos durante el Capítulo “¿Quién nos llama Dios a ser? ¿Qué nos llama Dios a hacer?”

 

En los últimos meses, quienes servimos a la Sociedad a nivel central, junto con las RSCJ de todo el mundo y en muchos lugares también con las asociadas, compañeros de misión, estudiantes y amigos, nos hemos reunido para contemplar las llamadas de nuestro Capítulo General 2016, a la luz de estas preguntas. Hemos rezado, hablado, reflexionado y conversado de nuevo sobre dónde empezar, cómo avanzar y navegar mar adentro, qué tipo de riesgos estamos dispuestas a afrontar y cuáles tenemos que enfrentar. La respuesta es en realidad muy sencilla. Necesitamos empezar por donde estamos justo ahora, en el momento presente, con quienes somos, con lo que nos importa y apasiona y con todas las personas con las cuales avanzaremos en este camino. A medida que buscamos la respuesta a las preguntas formuladas por el Capítulo General 2016, necesitamos ser audaces para seguir el consejo de Sofía de escuchar con atención al Espíritu y actuar en consecuencia.

 

El Evangelio de esta fiesta nos ofrece una invitación y una brújula. Es la misma invitación que encontramos en el número 8 de nuestras Constituciones: 

                                                           Tomen sobre ustedes mi yugo,

                                                          y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón.

Las llamadas del Capítulo son una guía o, de forma más apropiada, un GPS (sistema de posicionamiento global) que nos orienta sobre cómo vivir hoy este Evangelio. No se trata solo de una invitación, sino que estamos llamadas a:

 

-    Salir, “embarcarnos” y, junto con otros y otras, ir hacia las nuevas periferias geográficas y existenciales;

-    Vivir más humanamente con la radicalidad del estilo de Jesús;

-     Hacer silencio y profundizar nuestra vida interior para que podamos escuchar los latidos del corazón de Dios en nosotras y en nuestro mundo;

-     Revitalizar nuestra unión en la diversidad y actuar como un solo Cuerpo.

 

Recientemente, tuve la oportunidad de pasar un poco de tiempo con dos grupos distintos de jóvenes en Filipinas, uno se encontraba en una pequeña área rural en Samar del Norte y el otro, en un centro universitario de pastoral, en el sótano de la universidad pública de Cebu. Como los discípulos en el camino hacia Emaús, mi corazón ardía dentro de mí al ver el compromiso de estos jóvenes, hombres y mujeres, con el Evangelio y la misión de la Sociedad que compartimos con ellos. Su entusiasmo y energía para vivir este “momento Re- beca” junto con nosotras, para el bien del pueblo de Dios, para vivir más humanamente, para escuchar el latido del mundo y para ser parte de un solo cuerpo, son para mí una llamada personal. Deseo que cada una de nosotras fortalezca su compromiso con los jóvenes que llevan el futuro sobre sus hombros.

 

El Evangelio para nuestra fiesta nos invita a llevar el yugo de Jesús y nos muestra un camino seguro para avanzar. Jesús nos recuerda que cargamos muchos yugos, algunos de los cuales no son de Dios. Tenemos que reconocer aquellos que nos impiden desplegar las velas y ser más humanas con nosotras mismas y con los demás, en la radicalidad del estilo de Jesús. Necesitamos enfrentar honestamente aquellas cosas y modos que nos abruman como personas y como comunidad y, trabajar para dejarlas ir. Este Evangelio es una llamada a la conversión. Les invito a que observen los “yugos” que llevamos en nuestras vidas y que nos preguntemos como comunidad, qué necesitamos dejar ir para enyugarnos a Jesucristo y superar juntas nuestros límites históricos y existenciales.

 

El Evangelio nos llama a aprender de Jesús, a ser mansas y humildes de corazón.  El Capítulo General nos recuerda que es en la profundidad del silencio donde escucharemos el latido del corazón de Dios. Sólo en esta profundidad podremos escuchar lo que necesitamos y lo que no necesitamos para manifestar el rostro compasivo de Dios. Que todos nosotros, religiosas del Sagrado Corazón y quienes han elegido nuestra misión y espiritualidad como punto de referencia en sus vi- das, renovemos nuestro compromiso para avanzar y profundizar en este camino, y así, recrear esta comunidad global, dinámica y ágil del Sagrado Corazón de Jesús, llamada por Dios para aprender y vivir nuestro carisma y misión en el siglo XXI como un solo cuerpo.

 

Las religiosas del Sagrado Corazón estamos comprometidas, por nuestros votos, con la misión educadora ¿El Capítulo General 2016 nos llama a vivir de una manera nueva nuestra vocación como educadoras? Las RSCJ alrededor del mundo estaremos de acuerdo en que el corazón de nuestro voto de educación está en descubrir y manifestar el amor de Dios, y no en ser maestras. Tenemos que reconocer humildemente que necesitamos aprender, comprometernos a aprender y a hacerlo juntas, como una comunidad de aprendizaje global. En esta fiesta, invito a las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús a renovar nuestros votos en el contexto de esta comunidad de aprendizaje global, comunidad enraizada en el Corazón de Jesús. Invito también a cada uno de ustedes, que comparte nuestra misión y espiritualidad, a renovar su compromiso y a vivir el carisma en el contexto de su vida cotidiana.

 

Cada uno de nosotros hemos empezado a formar parte de esta comunidad del Sagrado Corazón, porque de alguna manera nos atrajeron la visión y la misión de Sofía de dar a conocer y encarnar el amor del Corazón de Jesús, traspasado en el calvario. Este mes, iniciamos la celebración de los 200 años del viaje de Filipina a América, ella deseaba vivir la visión de Sofía en una tierra nueva, se embarcó en el Rebeca con cuatro compañeras para el bien de la misión. Deseo que escuchemos al Espíritu de Dios que habla en y entre nosotros, con- forme profundizamos nuestro propio “momento Rebeca” y nos aventuramos en este nuevo territorio, ya sea existencial o geográfico. Que comprometidas con Jesús podamos aprender, así como lo hizo Filipina, a soltar todo aquello que nos impide dejar que el amor de Dios se encarne y a aprender a ser mujeres y hombres valientes, fieles, generosos, audaces y de oración.

Con mucho cariño, su hermana

   Barbara Dawson RSCJ

 

 

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús 2017
Tomen sobre ustedes mi yugo,
y aprendan de mí
que soy manso y humilde de corazón

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