Testimonio por Gloria

Tal vez cuando escribí, esto, que no sé realmente como llamarle, no pensé que abarcaría tanto de lo que ha sido y sigue siendo mi relación con el Señor. Sintiendo claramente que es de lo que la vida me ha hablado y lo que he ido aprendiendo de ser una mujer nacida en el norte, en una tierra minera y con un papá que ha sido minero de vocación y de profesión, como él lo dice.

Recuerdo que lo escribí en un retiro de mes, en un momento tal vez de no mucha consolación, pero con una certeza profunda que el Señor caminaba conmigo y que a lo largo de la vida me había enseñado a "aprehender" su Palabra. Y, a reconocer que la espiritualidad es algo que se adueña de uno misma. Que es siempre novedosa; que el Espíritu siempre re-crea y por lo tanto nos invita a re-crear a nosotras. 

Con este deseo de hacer mía las Palabras de Jesús, he ido aprendiendo también a descubrir esas imágenes de Jesús y de Dios más propias de mi cultura.

Es así, como me di cuenta que como Jesús nos habla en su Evangelio del sembrador, del buen pastor, de fiestas, etc. porque no hablar yo de mineros, de minas, de piedras, de cerros. Porque tengo la seguridad, de que si él hubiese conocido los mineros de Atacama, los hubiera puesto en  parábolas.

Entonces lo que sigue es un poco de cómo la vida de un minero puede también hablar a la espiritualidad de una mujer, religiosa del Sagrado Corazón. 

Decir minero es decir tierra, cerro, sol, lucha, Fe, esperanza, fortaleza, silencio, soledad, fidelidad, tesoro.
Decir minero, es decir, que en estos hombres está la imagen de Dios.

Dios que se interna en las profundidades de la tierra.
Incansable buscador de la veta escondida en cada persona.
Dios que habla con el silencio y en el silencio. 

Decir minero es decir que Dios ama la tierra, ama las piedras, ama la pala, ama la picota.
Es decir silencio que habla de sabiduría, de vida sufrida, trabajada, soñada, amada. 

Decir minero, es decir apantionarse, pero levantarse, no desilusionarse, nunca cansarse y siempre lanzarse.

Es decir, leyenda, tradición, raíces, historia, riqueza, patrimonio.

Es decir, la luz de la Candelaria está en ellos, iluminando como zarza ardiente, la tierra sagrada de Atacama. 

Decir minero, es decir, Dios está con ellos porque ha escuchado su clamor, sembrado en la intimidad de los cerros.

Dios ha escuchado la suplica de su mujer y de sus hijos/as: ¡Que vuelva con vida!. 


PALABRAS DEL MINERO HACIA  DIOS

Minero: 

A pesar  de tanto trabajo, no tengo oro, ni cobre, pero te he entregado la mayor de mis hijas, aquella que nació del fondo de la tierra, la que ha sido bañada por el sol, la que vi crecer y hacerse mujer. Tú me la confiaste, a ti la confío.

Pirquinero de pirquineros, sé que vivirá la soledad, igual que yo la he vivido en medio de los cerros, pero igual que yo, sé que descubrirá su gran veta, su gran tesoro.

Sé que sentirá el gran silencio de los cerros, de las piedras, pero así como tú me has hablado en el silencio y me has hecho comprender que te pertenece a ti, ella te escuchará hablarle de pertenencia.

Sé que muchas veces por el cansancio y la frustración escuchará la vida, a la gente que quiere, a su cuerpo y hasta su corazón herido decirle: "Hasta cuando seguirás  intentando extraer el tesoro que está demasiado oculto".

Pero, no te preocupes Gran Pirquinero, porque ahí estaré yo, como padre, mostrándole mi rostro bañado por el sol y la tierra; mis huesos cansados, pero que no han sido quebrados; mis manos aunque temblorosas y ásperas, aún siguen siendo firmes y tiernas.

Mis pulmones aunque cubiertos de tierra aún siguen respirando la vida. Y ella volverá a sentir los nuevos aires de la primavera, y se levantará con su lampara encendida, y una vez más se introducirá bajo la tierra y se dará a la labor de picar, piedra a piedra, guardando la esperanza de que aquella piedra esconde un tesoro y entre el silencio y el ruido de la tierra, te alabará, diciendo: “El Gran Minero hizo en mi Maravillas…"

Dios, este pirquinero, le recordará a ella, que todo lo ha querido vender por ese otro gran tesoro.

Que es necesario que el cobre pase por el fuego para tener valor. Y que el oro sólo está listo para su entrega cuando ha pasado por el trapiche; ha sido molido y cuando su tamaño y brillo se ha reducido. Cuando libre de todo lo que no le pertenece, se ha abandonado totalmente en la mano del Minero. Sólo recién ella podrá  decir que ha descubierto su mayor tesoro.

Gloria Guerrero Vallejos rscj

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