Agrupación por la Vida

Publicado el 14 de octubre de 2019    |   Por AA    | A la escucha del mundo

“En Noviembre de 1993, estando trabajando de guardia de Seguridad caí con un derrame al pulmón y tuberculosis y fui diagnosticado de sida, a mis 35 años. Solo atiné que tenía una misión: acompañar a mis pares y que había que organizarnos para luchar por nuestros derechos. Se nos unieron el matrimonio formado por Mario Garay y Marianela Uribe, como voluntarios Después de conocer y visitar a varios decidimos una reunión el 30 de Octubre de
1994, en la media-agua donde vivía con mi pareja y fijamos las siguientes reuniones en la sede vecinal del Molino 1. También ya contábamos con el apoyo de la Asistenta Social del Sótero del Río, Agustina Morales y de la Asistenta Social de la Municipalidad de Puente Alto, quien nos ofreció un espacio en la Municipalidad. Una vez lograda la personalidad jurídica de la Agrupación por la Vida, las personas viviendo con sida comenzamos a sentir que habíamos recuperado nuestra dignidad, y después de tanta intolerancia, discriminación e intolerancia, nos sentimos integrados a la Sociedad. Luego nos ganamos un espacio dentro del hospital y a través de nuestro testimonio se sensibilizó el personal: enfermeras, paramédico asistentes sociales, médicos. Luego a través de proyectos y apoyados por voluntarios y voluntarias se salió a trabajar en sensibilización y prevención en las comunidades de Puente Alto, La Florida,
La Granja, San Ramón, La Granja, La Pintana, Pirque, San José de Maipo. Es aquí donde la Agrupación por la Vida la sentimos como nuestro nuevo hogar, donde acogemos a todas las personas que viven con sida, sus familiares y amigos formando una gran familia. Nos ganamos el derecho a una atención digna, a nuestros tratamientos, a ser escuchados, a mejorar nuestra calidad de vida , a vivir con dignidad.
Agradezco a Dios en primer lugar, y a mis padres el haberme inculcado el servicio al prójimo y el amor a Dios.
Mario Bustamante


“Recuerdo que cuando aún no tenía 28 años fui notificado que vivía con sida, lo que entre los 80 y 90 era una sentencia de muerte: La primera que venía cargada de terror y separación de la familia y la sociedad y la segunda del cuerpo. Estaba desbastado, con una depresión angustiosa. Trataba de soportar una encefalopatía y un Sarcoma de Caposi que estaba padeciendo por esos entonces. Mi vida estaba completamente fracasada, rota con sida y
homosexual.¡ Pobre cabro!
Comencé atendiéndome en el Hospital Sótero del Río. Conocí a una Asistente que se llama Agustina Morales y alguien se me acercó y comentó que había un grupo de personas viviendo con sida que formaban la Agrupación por la Vida. Comencé a participar en tantas cosas, reuniones, reuniones sagradas, fiestas, encuentros, muchos lutos, pero, un objetivo claro: luchar por vivir, la vida era un don y había que defenderla, luchar por nuestros derechos,
medicamentos y acoger a los que estaban sufriendo lo mismo y levantarlos.

Hoy digo gracias a todos los de mi agrupación por ser mi familia. Gracias madre querida, gracias hna Carmen, gracias a todos los médicos, auxiliares y enfermeras, a todo el personal del Sótero del Río, gracias parroquia de la Divina Providencia.
Hoy miro para atrás y me sorprendo que nunca me imaginé que llegara a cumplir los 54 años. Gracias, Señor.
Pablo Améstica

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