"Ayutla... de los que Aman y Luchan"

Publicado el 17 de marzo de 2015    |   A la escucha del mundo

"Ayutla... de los que Aman y Luchan"

Me llamo Paulina Marshall, tengo 23 años y soy de Santiago de Chile. A mediados de enero llegué a Ayutla de Los Libres, Guerrero, México, para incorporarme como voluntaria, del proyecto del voluntariado de las Religiosas del Sagrado Corazón. Iba a quedarme en Ayutla hasta mediados de febrero, tiempo en el cual conocería y trabajaría con el proyecto de Educación Popular “Iyolosiwa A.C”. Hay muchísimas cosas sobre las cuales podría escribir, pero he decidido compartir aquello más urgente, la reflexión que más necesita de difusión mía y de otros.

El pueblo del estado de Guerrero lleva años en conflicto ideológico con el gobierno nacional y federal. Es un pueblo que tiene mucha experiencia en lo que es organización territorial, autogestión, autodefensa y autoformación. Es un camino difícil y en éste hay tanto avances como retrocesos. Lo importante para este pueblo  es la historia misma de resistencia, lucha y organización. Todas estas cosas las fui aprendiendo durante mi mes en Ayutla, no sólo de discurso sino también observando y escuchando atentamente a sus pobladores, a su gente campesina, amable y trabajadora.

Estar en Ayutla me hizo entender mucho más de los dolores que padecen los pueblos ante las ideologías económicas que se basan en el liberalismo, desarrollismo, explotación, competencia, individualismo… aquellas que no parecen comprender que tanto nuestros recursos naturales como nuestra energía humana tienen un límite, y que los corazones de las gentes del pueblo tienen trazada una línea tras la cual no permitirán más humillación, abuso, violencia y represión.

El pueblo y el país de México tiene una gran herida abierta en lo que respecta a derechos humanos, dignidad y justicia. Van a cumplirse 6 meses desde la desaparición de los 43 estudiantes de la escuela rural de Ayotzinapa, y pareciera que las autoridades no están interesadas en resolver el conflicto sino en silenciar a los familiares, amigos y maestros de estos muchachos. Silenciarlos con dinero, silenciarlos con golpes y silenciarlos con balas.

Creo que vuelvo a Chile con la única tarea de comunicar y compartir esta injusticia, esta impotencia y este dolor. Cuando uno vive con comodidad y seguridad, la conciencia social no basta para ponerse en el lugar de estas personas. Hace falta entender –probablemente experimentar– la violencia estructural en la que viven, la injusticia naturalizada, la inminente trasgresión de nuestros cuerpos, la facilidad e impunidad con la que nos quitan la vida.

Escribo esta columna con mucha indignación. Como cristiana y católica no puedo sino indignarme ante los demonios de nuestra sociedad. Aquellos que Cristo vino a expulsar. Yo me pregunto, ¿qué tanto estamos haciendo nosotros mismos por expulsar estos demonios? ¿De qué nos sirve tener una conciencia “limpia” a costa de olvidarnos de lo humano? ¿De qué me sirve rezarle en la comodidad de mi hogar a un Dios que me pide que rece de la mano de otros, en la suciedad  e inseguridad del callejón de barrio?

En Ayutla de los Libres me recibió una comunidad maravillosa. Las personas que conocí me llenaron de esperanza y de confianza en el cambio que queremos conseguir. No puedo dejar de nombrarlos aquí: Lety, Magna, Chayo, Ana, Uli, Angélica, Margarita, Suli, Belén, y la lista es bien larga. Este mes definitivamente fue de convencerme de que lo que nos mueve son la esperanza y la lucha por la justicia, y que éstas dos no deben nunca separarse. Que si nos falta una nos convertimos en seres automáticos y reaccionarios sin un horizonte claro. O bien en personas quedadas y egoístas, llenas de esperanza en el futuro individual, esperanza que no moviliza ni se comparte.

Este mes de voluntariado fue una experiencia transformadora y movilizadora. Siento que retomo mis estudios de antropología con una mirada muy distinta sobre lo que se necesita de mí en mi país y en el mundo. También siento un deseo muy grande de construir espacios donde la verdad sea el amor, la colaboración y la justicia. Colaborar donde estoy en este minuto, haciendo caso a esta urgencia y convicción para ponerlo todo al servicio de estos ideales.  Éstas son las invitaciones que me hace Ayutla de Los Libres, que me hace el equipo de Iyolosiwa, y que me hace el estado de Guerrero: Más amar, escuchar, luchar. Más involucrarme, dolerme, indignarme. Más llenarme de esperanza junto a otros, y sobre todo más caminar con convicción.

Paulina Marshall de la Maza

12 de marzo 2015

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EQUIPO COMUNICACIONES

 

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