Cuaresma: Contacto entre el Mal y la Luz

Publicado el 15 de marzo de 2011    |   A la escucha del mundo

Pbro. Jorge Velásquez San Juan Arquidiócesis de Antofagasta El mal avergüenza, por eso permanece oculto, el mal es detestable por eso queda guardado bajo otra imagen (…) una vez que se hace luz el mal ya no puede engañar, es ahí donde viene destruido por la verdad del bien que lo denuncia. Tiempo atrás, se presentaron dos artículos con el claro deseo de profundizar el tema de la comunión con Dios: “Navidad: contacto piel a piel”, y “Resurrección: contacto entre lo terreno y lo eterno”. Junto al interés de seguir nuestra reflexión entorno al encuentro y la comunión con Dios, nuestra Iglesia nos invita para este 2011, en el camino de la Misión Continental, a mantener presente el lema Hagamos de nuestra Iglesia una casa y escuela de comunión misionera. A través de nuestro recorrido por la fe y en la Iglesia, nos damos cuenta que tal reflexión es fundamental en la vida de nosotros cristianos. Todos estamos llamados a la comunión, hemos nacido para vivir y crecer en comunión. Cuando se desarrolla y se despliega nuestro ser comunitario, experimentamos el amor y la alegría; cuando contemplamos a Dios y su comunión trinitaria (Padre, Hijo y Espíritu Santo), nos encaminamos a un enriquecimiento espiritual y teológico, y por sobretodo nos insertamos en su plan de salvación. Con tal propósito, la siguiente reflexión quiere estimular a mantener fuerte el lazo de comunión entre Dios y el hombre, y a meditar y sanar los quiebres, rupturas en la comunión. La acción deseada por el adversario de Dios (la serpiente, el demonio, el diablo, Satanás, el padre de la mentira, el tentador) es separar, dividir y alejar; la acción de Dios es invitar, reunir, convocar y salvar. Dios se pasea y el hombre se esconde “Oyeron luego el ruido de los pasos de el Señor Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista de el Señor Dios por entre los árboles del jardín” (Gn 3,8). Dios se pasea por su mundo creado, lo que ama, en donde se manifiesta la bondad y la belleza, es el paraíso, el jardín donde viven las criaturas. Dios no crea un zoológico, jaulas en donde las criaturas no tienen libertad, espacio, oportunidades ni capacidad de decisión. El paso de Dios es siempre permanente, inminente en nuestras vidas, y por ello, resulta rescatable preguntarnos, en este tiempo de cuaresma, en este ambiente de conversión, oración, penitencia y caridad: “yo, ¿me oculto de Dios?”. Lo oculto, la acción del tentador y lugar del pecado El “esconderse” o “esconder algo” puede ser provocado en ciertas ocasiones, por algo que no es bueno, por algo que nosotros ni otros consideran bueno, para nosotros cristianos por algo que se opone a Dios, provocado por la desobediencia a sus enseñanzas, por ‘dar licencia’ a ciertas normas y prescripciones, por dar un giro a las palabras de Dios cuando dice “no hagas esto” cambiándolas por “lo hago y qué, “lo hago porque no veo nada malo”, “lo hago porque aun cuando creo en Dios, yo soy débil y Dios sabrá comprenderme”, “lo hago porque soy libre”, etc… En ciertas ocasiones, los medios de comunicación dan a conocer casos que estaban ocultos y se hacen luz, ciertamente algunas veces buscando o provocando noticias, otras veces, denunciando transformándose en el último recurso para hacer justicia, para que las ‘víctimas’ puedan ser escuchadas, etc…, todo esto, nos sorprende, porque nos damos cuenta de un mal, de un daño que estaba oculto, escondido… esa es la dinámica donde se desarrolla. El mal avergüenza, por eso permanece oculto, el mal es detestable por eso queda guardado bajo otra imagen, el mal sólo engaña en la atmósfera de lo oculto, porque una vez que se hace luz el mal ya no puede engañar, no atemoriza, no domina, es ahí donde viene destruido por la verdad del bien que lo denuncia, disminuyendo totalmente la fuerza que tenía cuando estaba oculto hasta hacerlo desaparecer. Algunos ejemplos de esto: violencia intrafamiliar hacia los hijos y entre los esposos, el mundo oscuro en donde se desenvuelve la droga, en su consumo y en lo demoniaco que representa su comercialización, la delincuencia, el abuso y explotación de otros y otras en el mundo de la prostitución, abusos sexuales a menores o personas indefensas, robos, fraudes,… El mal en este sentido rompe con la comunión, pues ya no hay libertad, se vive en lo oculto, ya no hay alegría ni espontaneidad, pues vive en medio de tristezas y caretas, ya no hay verdad y trasparencia, pues se vive en el engaño, en la mentira, en lo falso, se pierde el vínculo con otro, en el plano social, afectivo, laboral y religioso. El mal quiere romper la comunión con Dios, por eso se denomina pecado, no es pecado porque este dentro de la lista de prohibiciones señaladas por Dios y recordadas, a veces con cierto fervor por la Iglesia, sino porque se aleja de Dios, viviendo sin él. La serpiente en el Génesis y el diablo en los Evangelios El mal según nos relata el primer libro del Génesis viene provocado por la tentación de la serpiente (3,1ss). En el relato de las tentaciones a Jesús por el demonio (Mc.1,12-13, Mt. 4,1-11 y Lc. 4,1-12). Las imágenes que tenemos de una serpiente nos llevan a considerar su astucia, su particular forma de moverse, su lengua va captando la sensibilidad del entorno para esperar el momento para atacar y morder su veneno; es el mal que se desliza, escondiéndose y mostrándose, entablando diálogos muy agudos, en un cierto clima de engaños seductores. La serpiente no le dijo a la mujer que comiera del fruto, lo único que realiza son sugerencias sutiles y precisas… pero fue lo suficiente para debilitar el deseo de ello. El relato mas breve de las tentaciones de Jesús es el de Mc.1,12-13: “A continuación, el Espíritu le empuja al desierto, y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían”. No sabemos cuál es la tentación, a diferencia de Mt. y Lc. que se encargan de transmitirnos la escena entre las provocadoras palabras del demonio y las respuestas exactas de Jesús, que no busca satisfacción personal ni deseo de demostrar algo ni deseo por el poder. El responde siempre a favor de Dios, y con algo que no pueda ir en su contra. Jesús usa su libertad para agradar siempre al Padre, y no para distanciarse de Él. El diablo lo conduce a vivir una total independencia, egoísta y egocéntrica, pero Jesús tiene clara su esencia y misión comunitaria, nada lo separa del amor al Padre, no rompe su ayuno, su atmósfera con el Espíritu, y su preparación al inicio de la predicación y de los milagros y de su invitación a la multitud y a los discípulos a realizar un camino con él: “Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame…” (Mc.8,34ss). El demonio buscaba atacar a Jesús en su momento más débil, al final de su ayuno. No lo hizo al inicio. Pero, Jesús es fuerte en su amor y en su misión, nada lo descentra, lo separa. Lucas termina el relato diciendo: “acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno” (Lc. 4,13); Mateo nos dice: “Entonces el diablo le deja: Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían” (Mt.4,11); mientras Marcos nos dice: “Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían”. Claramente el diablo se alejó porque Jesús descubrió su plan, sacó a la luz su engaño oculto, le respondió siempre desde Dios. Jesús esta entre lo terreno y lo celeste, en medio del mundo pero asistido por Dios “los ángeles le servían”; nosotros estamos en igual dimensión, en medio de lo terreno y celeste, vivimos en el mundo pero anhelando el Reino, vivimos en medio de esta comunidad creyente, la Iglesia, y de la comunidad de los santos, que nos ayudan, y el Cielo. En el relato de las tentaciones, el mal simplemente pasa y ataca, pero no asusta ni daña. Al contrario se debilita, pierde y arranca. Meditando estas lecturas nos damos cuenta de lo siguiente: Dios desea la comunión, el mal busca quebrarla, y Cristo nos muestra como mantenerla. La confesión La dimensión divina y terrena no están separadas, están perfectamente entrelazadas. La figura de un puente puede ayudar a comprender la acción que mantiene Cristo, el mal quisiera destruir el puente de comunión, pero el Padre fuertemente lo desea. Cada uno de nosostros tiene la posibilidad de transitar por estos puentes de comunión, como son la oración y la celebración eucaristica. Ésta nos permite hacernos un solo cuerpo con Cristo, escuchando para vivir su Palabra y participando de la cena para alimentarnos, y todo esto celebrando como hermanos. Otro puente vital de comunión es el sacramento de la reconciliación y penitencia. La confesión es sacar a la luz de la verdad el mal oculto, ciertamente permanece en el ámbito de la privacidad. Es un momento de encuentro con Dios, porque ya el hombre no se esconde de los pasos de Dios, busca ver su rostro, dialogar con Él pidiendo perdón por el mal hecho, y lo más importante con el deseo firme de no volver a cometerlo. Cuaresma es por lo tanto, un camino de conversión y comunión que permite darnos cuenta del actuar de la Trinidad, que nos envuelve y acompaña. comentar

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