Mi testimonio de Fe

Publicado el 30 de julio de 2019    |   Por Isidora Vásquez, alumna Colegio SC Apoquindo    | A la escucha del mundo

Mi testimonio de fe es realmente sencillo, pero nace de un camino intrincado y lleno de posibilidades, paisajes, recovecos y dudas. Muchas de estas últimas, pues no es una fe estática. Mi fe se mueve y en ocasiones es totalmente certera: inquebrantable. En otras, se cae a pedazos. Es llena. Llena de dudas, cuestionamiento y búsqueda. De incertidumbre y de esperanza. Entonces, en ocasiones la hay en exceso, pues se desborda. Y a veces no basta y me hallo perdida.

Sin embargo, lo que me vuelve a encaminar es el Amor, el cual considero el pilar de mi fe. Y este Amor es Dios. Y el Espíritu Santo es el soplo de Dios. Y Jesús es iluminado por el Espíritu Santo. Entonces Jesús profesa este Amor, este Dios de Amor. Y creo que el Amor es una Fuerza inamovible e incomprensible. Un misterio en toda la significancia que implica. Es tan real que me envuelve y no me deja caer. Y no la veo ni la entiendo. Pero la siento y la vivo. Vivo su experiencia en la dificultad y siento su presencia en mi prójimo. Cuando fallo me perdona y asimismo me enseña a perdonar, sobre todo cuando me es difícil. En otras palabras, es un Dios caracterizado por un Amor transparente y hermoso en su sencillez. Es un Amor que me otorga la capacidad de ver la luz interior del otro y por ello, de ir a la entrega, así como el Jesús humilde que también se ve iluminado al hacerlo como ejemplo. Porque esta Fuerza revela lo mejor de cada persona y situación. Es un Dios que me ayuda a dar un significado a mi existir, incluso si racionalmente hablando no le encuentro sentido a su propia existencia.

Por lo mismo, lo he cuestionado varias veces. ¿Existirá realmente un ser superior? En caso de que sí lo haya, ¿será un “Dios de Amor”? Porque veo la injusticia constante en el mundo y un dolor causado por una maldad que aplasta constantemente a la humanidad. Y me pregunto, ¿un Dios de Amor enserio permitiría que todo esto nos sucediera a diario? Y no me hace sentido. Pero luego llego a la conclusión de que este mismo Dios nos entregó el libre albedrío, y que por ello podemos decidir hacia dónde encaminar nuestro obrar, ya sea por sus senderos o por otros. Entonces me tranquilizo un poco, hasta que veo que en varias ocasiones la Iglesia ha seguido, en el camino de los hombres libres, un rumbo más oscuro. Que en los medios se habla de los abusos que algunos de sus integrantes han cometido y otros encubierto, predicando moralismos, palabras bonitas y llenas de significado. Palabras vacías del Amor de Dios cuando son llevadas a la acción. Y eso me decepciona, me hacen querer renunciar a esa Iglesia que desborda mentiras y faltas de amor. Pero ante el desamor, la única solución es el Amor, no el irme, no el dimitir. Porque esa Iglesia que vemos en los medios de comunicación y que yo critico es en realidad un orden jerárquico: político. Pero para mi Dios no es política. Dios es Amor. Y SU Iglesia no es esa que aparece en la televisión. Su Iglesia soy yo. Su Iglesia eres tú. Somos Iglesia. Y yo no puedo ser Iglesia sola, ni tú podrías serlo. Pero en unidad sí lo somos. Porque el Espíritu sopla en nuestra vida este Amor de Jesús y nos junta para que como Iglesia podamos ir a entregarlo. Dios sopla, nos arranca el miedo de actuar, nos llama a servir y nos entrega la luz cuando estamos ciegos. Perdidos. Nos renueva. Nos envuelve en un Amor tan profundo que nos carga ante las caídas para luego ayudarnos a levantarnos y entonces nos hace capaces de movilizarnos.

Y entonces renovamos la Iglesia. Renuevo la Iglesia. Yo, una mujer. Tú, un ser humano. Imperfectos. Erramos. También lo hace la cara de la Iglesia, que peca y hiere y quiebra. Y sin embargo nosotros buscamos entregar el Amor de Jesús y vivir desde él. Nuestro objetivo es ser una Iglesia Santa, pues ahora nuestra Iglesia no lo es. Pero tú siendo Iglesia, yo siendo Iglesia y nosotros amando, caminamos junto a Jesús y nos dejamos cargar por Él. Incluso lo cargamos. Cargamos sus dolores, como lo es esa Iglesia pecadora. Y la renovamos. Ante este tiempo de crisis hacemos la revolución desde el Amor. Y es por esto que me confirmo. Porque quiero cargar a ese Jesús dolorido. Me quiero involucrar pero no solo en mente y cuerpo. Desde la creencia. Quiero comprometerme también desde el corazón y alma. A partir del sentir. Quiero decirle que sí a Dios desde todo esto. Quiero darle mi sí de Amor, desde mi fe.

 

(Isidora Vásquez, leyó estas palabras en la misa de Confirmación realizada en el colegio SC Apoquindo )

Fotografía extraída de la página www.colegiodelsagradocorazon.cl

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