Proyecto de Voluntariado Michaihue

Publicado el 26 de enero de 2018    |   Por Naty Chamorro rscj - www.rscj.cl    | A la escucha del mundo

RECOGIENDO LA EXPERIENCIA DE VOLUNTARIADO EN MICHAIHUE

La comunidad de Michaihue durante el año 2017 se sintió invitada a vivir la misión desde la consigna: “Centradas en Jesucristo, nos arriesgamos a mirar con ojos nuevos”. Con esta consigna nos arriesgamos a soñar un nuevo tipo de voluntariado juvenil para acoger las búsquedas de sentido y servicio de los/as jóvenes de Concepción. Fue así que en conversas con Benjamín Donoso sj y Víctor Álvarez, sacerdote diocesano; comenzamos a dar forma a un voluntariado de 1 mes, que se vio enriquecido por el hecho de hacer equipo con 2 jóvenes: Francisco Uribe en representación de la CVX de Concepción y Manuel Flores representando a la Parroquia Universitaria. Después de varias conversas surgió “Proyecto Michaihue: En comunidad escuchemos el latir de Dios”, con la propuesta de que los jóvenes realizaran un voluntariado de un mes, viviendo su vida cotidiana como estudiantes o trabajando y que vivieran las tres dimensiones de nuestro proyecto: Vida sencilla con y entre los más vulnerables, Vida interior y Vida en comunidad. A continuación, compartimos con ustedes la experiencia de los jóvenes que hicieron voluntariado: Fernanda González, Rodolfo San Martín, Miguel Núñez, Ángela Cid, Francisca Miranda y Manuel Flores.

Vida sencilla con y entre los más vulnerables.

El proyecto es una instancia positiva para los jóvenes de la zona, para salir de nuestra burbuja y trabajar en Michaihue, una población marcada por los prejuicios y el dolor de los vecinos. Se nos invita a hacernos cargo de estos dolores, trabajar y acompañar a las personas de la población en su diario vivir. Aquí pudimos palpar la realidad al convivir diariamente con los vecinos, compartir el bus, las compras del pan o al encontrarnos al salir de casa. Nos sentimos en casa, abrir la mente, caminar por sus calles y sentir que conocemos nos ayudó a mirar con otra mirada, y no quedarnos en el discurso. Irnos a descansar agotada para que sea verdadero descanso.

Descubrimos que se puede vivir la vida 100 por ciento en contacto con el otro. Es una experiencia de vivir en constante apertura, rompiendo con el egoísmo y nos da mucha felicidad y sentido, el hacernos “carne” de otros.

Palpar y ver los rostros de los niños y adolescentes quienes son esponjas de su ambiente, tratar de consolar y alegrarlos, fue potente recibir su sencillez y espontaneidad y sentir la cotidianidad de sus vidas en nuestra propia existencia.

La historia de las mujeres de la Fundación, vivir sus dolores, su sufrimientos y sus alegrías y logros. El apoyar el trabajo de la Fundación Con Tus Manos favorece también que la integración de los que vivimos el proyecto con la comunidad de Michaihue sea aún más fácil y rápida, ya que nos permitía conocer a los vecinos en sus actividades habituales y así se evitaba que se sintieran “invadidos”.

Vida en Comunidad

La vida comunitaria fue un gran pilar para enfrentar la cotidianidad de Michaihue. Las conversas diarias, las oraciones comunitarias, las reuniones, fueron las instancias que nos dieron apoyo constante entre nosotros mismos. Que el proyecto sea mixto y se haga una convocatoria abierta a jóvenes universitarios y recién egresados permite que la experiencia se vea enriquecida por los distintos carismas y espiritualidades que cada uno aporta en los momentos de oración comunitaria, voluntariado y en la convivencia diaria.

 

Vida interior

La vida espiritual fue también un pilar fundamental para nosotros. Cada uno aportó con sus conocimientos y devociones para complementarnos. El abandono de San Ignacio, la valentía de Santa Filipina, la contemplación de Mater, nos acompañó a comprender la realidad de la población.

La oración compartida, el disponer el corazón para que Dios se revele y hable. Sentir la providencia de Dios en la vida de forma concreta bajo diferentes situaciones y miradas.

El hecho de discernir la vocación de servicio y el camino que Dios tiene preparado para nosotros. El ver más clara su propia existencia en el otro.

El hecho de que a cada uno de los que vivimos el proyecto se le recomendara también tener un acompañante espiritual externo ayudó a decantar, reflexionar y discernir todas las experiencias que teníamos día a día con las personas de la comunidad y en la casa.

La relación con las RSCJ   

La relación con las Religiosas del Sagrado Corazón fue excelente y fundamental para la experiencia, fue una gracia, ver la diversidad, la libertad y humildad. Compartir la vida con ellas, conocerlas y sentirnos parte de su cotidianidad.

La entrega de una guía para ir reflexionando semana a semana sobre la experiencia, favorecía y fortalecía nuestros momentos de oración comunitaria. Agradecemos enormemente su hospitalidad y admiramos su esfuerzo constante por el trabajo con la comunidad de Michaihue. El proyecto de voluntariado tiene fuerza por la presencia de las RSCJ que estaban siempre atentas sin ser invasivas. Diariamente sentíamos su apoyo y preocupación.

Esta experiencia nos ha ayudado a “Dejarnos sorprender por Dios” y “Sentirnos constructores/as del Reino”.

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