Religiosa Eugenia Valdés rscj arriesga la palabra

Publicado el 13 de junio de 2018    |   Por Sofía Baranda rscj - comunidad de Alhué    | A la escucha del mundo

Entrevista a Quena Valdés rscj.

TheClinic.   Lorena Penjean 31 Mayo, 2018   (extracto)

¿Qué ha sentido ante la situación de la Iglesia? 

Dolor y rabia… He sentido desafección frente a la jerarquía. Yo, siendo religiosa, -me sé parte de la Iglesia entendida como todo el pueblo de Dios-, me siento muy distante de la manera de proceder de la jerarquía chilena, muy triste por su falta de empatía con las víctimas, frente a la situación de la Iglesia en Osorno y también por la manera de proceder en otros temas, como las intervenciones de don Ricardo Ezzati a propósito de la Ley de Identidad de Género. En fin, es una sumatoria de desatinos y actuaciones que reflejan lejanía de la realidad de la gente, que es con quienes estamos llamados a caminar. Lamentablemente, todavía no veo a la jerarquía actuando con humildad. Ha habido pequeños gestos de algunos obispos, pero nada de parte de toda la Conferencia Episcopal en su conjunto manifestando humildad alguna. Hay más bien soberbia, casi como diciendo “ya no sigamos hablando más del tema”, y eso no corresponde, menos a un pastor que tiene que acercarse todo el tiempo a su rebaño y cuidarlo.

¿Cómo el perdón se hace carne?

Parte de la reparación pasa por encontrarse con las personas a las que se les hizo daño, escucharlas, acogerlas, acompañarlas y pedirles perdón, me parece que no basta con pedir perdón en una conferencia de prensa, hacerlo ayuda a que lo escuchemos todos, pero quedarse sólo en ello es un gesto al aire, vacío. También, hay que hacer gestos concretos ante el cuestionamiento sobre cómo preparamos a los que ingresan a la vida religiosa, a los seminarios, preguntarnos qué tipo de formación se les da, qué selección hay… No por falta de sacerdotes todos pueden entrar. También parte de encarnar el perdón es la compensación económica.

Muchos católicos sentimos que nos traicionaron…

Claramente la jerarquía de Iglesia se alejó de algo básico que es cuidar y velar por la integridad de todos sus fieles y de todos. Se sembró la desconfianza y es entendible que mucha gente se sienta traicionada y que dude cuando piense en meter a su hijo o hija a en un colegio confesional o en actividades pastorales, y cada día más con todo lo que nos vamos enterando: lo de los maristas y ahora lo de Rancagua… Entiendo que es muy difícil recuperar esa confianza, por lo mismo es urgente cambiar los modos de actuar, tender puentes, escuchar… Ser más transparentes, actuar sin secretismos.

El Papa habló en su carta de que la Iglesia perdió el foco. ¿Cuándo pasó eso?

En el Apocalipsis se le reclama a una de las Iglesias “cuando perdiste el primer amor” y creo que eso nos pasó: nos alejamos del primer amor, nos dejamos dominar por la cultura de consumismo, del éxito, del poder, del individualismo… Creo se fue concentrando en sí misma en vez de salir hacia el pueblo, de seguir dialogando con la realidad, de seguir dejándose interpelar. Yo entré a la vida religiosa entusiasmada y animada por la Iglesia de los años ochenta, una Iglesia comprometida, jugada por los derechos humanos, por los más pobres, con testimonios audaces. Pero duele también el que hoy tenemos sacerdotes de esa misma época acusados de abusos. La Iglesia en el Concilio Vaticano II decidió dialogar con la realidad, con el mundo, no ser un ente aparte, y de nuevo se volvió a encerrar en sí misma pretendiendo además decidir la forma en la que todos tenemos que vivir.

¿Dónde se puso el foco?

Como dice el papa Francisco en su carta, se concentró en sí misma, reforzando un fuerte clericalismo y, por lo tanto, sintiéndose como única autoridad a la hora de señalar cómo se deben comportar todas las personas. La gente tiene su conciencia para decidir cuál es su comportamiento ético y moral. Obviamente, como creyentes, queremos y necesitamos tener elementos para hacer un buen discernimiento, pero es cada persona la que tiene la facultad de decidir y como Iglesia no tenemos que imponer a la gente una normativa única para todo su proceder. Como Iglesia estamos al debe en temas como la homosexualidad, el control de la natalidad, la vida de pareja, los matrimonios vueltos a casar, entre otros.

Usted ha dicho que las religiosas deben ser escuchadas dentro de la Iglesia y no ser un mero adorno…
Por supuesto, es que no puede ser de otra manera, no sólo escuchadas, sino invitadas a dialogar a buscar respuestas en conjunto y a tener responsabilidades dentro de la estructura eclesial porque el mundo es mixto y la mujer tiene que ser escuchada.

¿Cómo se lucha contra el machismo dentro de la iglesia?
Yo creo que hay que arriesgar la palabra; la mujer tiene que ser capaz de arriesgar su palabra, porque a veces se queda muy callada y naturaliza ese “silencio”. A veces podemos sentir que lo mejor es no hacer conflicto, menos con la situación actual, quedarnos con que lo que dijo el Papa ya es suficiente, pero creo que tenemos que arriesgar más la palabra e insistir. Podemos también ayudar a que otras mujeres más sencillas, que son muchas veces las que sacan adelante sus capillas, a que se animen a dirigir liturgias, a celebrar la palabra.

En el encuentro Mujer-Iglesia, a propósito de la interpelación de Jesús, ustedes reflexionaron preguntándose: “mujer por qué lloras”…
Tiene que ver con lo que late en nuestro corazón de mujer, cuáles son nuestras preocupaciones, nuestros apremios, lo que nos duele, aflige… Se trata de cómo entrar en la sensibilidad de la mujer que es distinta a la del hombre, o sea, cómo escucharla más a ella, así como Jesús le pregunta a María Magdalena. Y compartimos lo que nos hace llorar, lo que vivimos como Iglesia, el dolor de las víctimas de abusos y la falta de escucha y acogida hacia ellos. Hablamos del silencio de la mujer, la soledad de muchos, la miseria de tantos hombres y mujeres de nuestro país, las conductas tan machistas, las posturas clericalistas y de lo mucho que nos duele no reflexionar juntos… Por lo mismo, encuentros como estos ayudan mucho; llegamos más de 100 mujeres de todo Chile y se quiere replicar la instancia para ofrecer estos espacios en otras ciudades. De Mujeres – Iglesia nace otra iniciativa muy bonita: compartir con otros el comentario del evangelio de los días domingos desde una mirada de mujer. Me parece muy importante darles más participación a las mujeres en el ejercicio del poder y del poder como servicio a los demás, no como línea de mando. Mira, esto para mí es casi de sentido común y cuando lo pienso, no me cabe en la cabeza tener que estar “casi peleándolo”, no es que nos estén haciendo un favor, es lo que nuestro mundo, nuestra Iglesia necesita, para que sea más humana, más completa…

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