Santiago de Cuba

Publicado el 19 de diciembre de 2012    |   A la escucha del mundo

Cuba, 5 de diciembre 2012

Queridas hermanas y amigas (os):

A un mes del huracán Sandy, las dos hermanas que formamos la comunidad de Sancti Spiritus,  decidimos responder al llamado de la Conferencia de religiosos de Cuba y entrar en el turno de ir a ayudar al Oriente que se está “reponiendo” del paso del huracán.

Hemos estado una semana,  incorporadas al trabajo que hace la Parroquia de Santa Teresita en la misma ciudad de Santiago. Son varios los barrios que pertenecen a ella y ya, los laicos misioneros habían hecho su investigación y elaborado una lista de las personas afectadas en su entorno. Solo en uno de los barrios, Flores,  tenían 300 familias afectadas. Además Portuondo, Santa Bárbara y varios otros completaban una interminable lista de casas sin techo, familias sin recursos, condiciones inhumanas de vida. 

Se nos pidió, sobre todo, que fuéramos a consolar, y por aquellas cosas del Reino, las consoladas fuimos nosotras, a pesar de las pésimas condiciones de vida que observamos. Encontramos personas afligidas por lo vivido, por todo lo perdido, pero agradecidas por estar vivas , agradecidas de la solidaridad de los vecinos, agradecidas de nuestra visita, agradecidas de las poquísimas cosas que les ofrecíamos: solo un poquito de arroz, menos frijoles , y una prenda de ropa usada  por familia. Apreciaban que la vecina, de la Iglesia católica, las hubiera tenido en cuenta y que, las monjas, sin conocerlos  de nada, llegáramos a sus casas.

Encontramos casas, con una fachada aparentemente normal, pero cuando entrábamos en ella, estaba a cielo raso, toda sin techo, solo alguna habitación que habían logrado techar con las planchas que habían volado y que estaban en la calle. Pero, desgraciadamente encontramos casas que siempre han estado en muy malas condiciones y que el paso de Sandy ha puesto en evidencia: en esos barrios había mucha pobreza y, en algunos casos, condiciones de vida casi inhumana, y por largos años sin tener ninguna mejora.

170.000 viviendas afectadas, 23 Iglesias, innumerables dependencias del Estado. Varios pueblecitos costeros tuvieron olas de más de 9 metros y rocas sacadas del mar por el viento que chocaron contra las casas, ahí el desastre fue total. Para qué decir de las barcas con las que los pobladores se ganaban la vida pescando…

La ciudad estaba limpia, pues es mucho lo que se ha recogido en un mes, pero han desaparecido muchos árboles: casi todos los aguacates, muchísimos mangos y otras especies. El viento los arrancó de raíz, algo que parece insólito, pero ahí están las evidencias.

El desafío para el Estado, ahora, es planificar la reconstrucción. Los materiales se le están vendiendo al pueblo a mitad de precio, y con un préstamo bancario para aquellos que trabajan. Pero las preguntas son: ¿cuánto van a descontar de sueldos que no llegan a 13 dólares mensuales? ¿Qué va a pasar con los que no trabajan? ¿Qué pasa con los barcos y aviones cargados de cosas que han llegado donados por otros países? ¿Por qué todo se vende, nada se regala?  La limpieza fue rápida, pero ahora las respuestas son muy lentas.

Las comunidades cristianas han estado a la altura: se han juntado enseres, alimentos, ropa, y se han repartido, aunque no pasa de ser un pequeño gesto solidario. Los templos caídos también tendrán su momento de reconstrucción ya que algunos se desplomaron totalmente, otros perdieron el techo o se afectó su estructura Pero por ahora nadie piensa en ellos, primero hay que auxiliar a tanta gente que ha quedado damnificada.   

Teníamos ganas de contarles esto, tanto a los amigos y amigas  de Cuba como a los que están en Chile o en España. Parece que los medios de comunicación solo han dado importancia a lo que pasó en USA con el huracán: pero aquí fue desastroso, entre otras cosas porque no se pudo prevenir bien, ya que sorprendió con una intensidad no pronosticada. Fueron cuatro horas de horror: “las peores de mi vida” dijo alguien. O bien “estábamos los cuatro abrazados en el baño” (apenas de 2m2 algunos) que es donde hay techo de cemento. “El ruido era infernal: el rugir del viento, los golpes de las planchas de los techos volando y chocando contra todo”.

El primer domingo de adviento se hablaba de “Jerusalén, ciudad segura”, pero eso sucederá en los tiempos definitivos, pues cada vez queda más en evidencia de que todo es precario, hasta lo que puede parece más firme, sin embargo cómo nos aferramos a ello!!!.

Muchos de ustedes ya enviaron sus donativos, ¡muchas gracias!!.

Un gran abrazo de la comunidad de Sancti Spiritus

 Pilar Guallart                         Esperanza Calabuig

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