Testimonio de voluntariado Paula Portas Cuètara

Publicado el 18 de enero de 2018    |   Por Paula Portas Cuètara    | A la escucha del mundo

Testimonio de voluntariado

“Serás consciente de la presencia de Dios en ti cuando descubras que la verdadera felicidad radica en el servicio a los demás.” Ness Zertú.

 

A menos de un mes de haber regresado de mi experiencia de voluntariado en Chile, una de las tantas preguntas que se me siguen presentando es ¿Cómo estuvo? Una pregunta simple que no puede ser respondida de la misma manera. Contestar “Increíble, me gusto muchísimo” no empieza ni a describir todo lo que mi corazón guarda después de estos casi 5 meses; en las siguientes líneas haré el intento de explicarlo.

 

La idea de irme de voluntariado surgió al inicio de mi último semestre de enseñanza media en el Colegio Guadalajara del Sagrado Corazón. Después de haber ido de misiones varias veces, quería vivir el sentido de servicio y de fe en otro país y por un tiempo más largo que solo una semana. En fin, hablé con mi maestra de social cristiano, me puse en contacto con las RSCJ y unos meses después supe que iba ir a Reñaca Alto, Chile.

 

Tenía dos objetivos muy claros cuando empecé. Quería hacer lazos con las personas que conociera y ayudar en lo que pudiera, es decir ponerme al servicio de los demás. Mi día a día me daba todos lo medios para lograr eso y para descubrir muchísimo más. Una semana más o menos común (y digo más o menos porque ningún día era igual al anterior) iba así: de lunes a miércoles por las mañanas acompañaba a niños de 3 y 4 años en la “Escuela de Lenguaje Compañía de Jesús” y por las tardes  visitaba, junto con las hermanas, familias o enfermos en sus casas. Los jueves iba al “Hospital Sanatorio Marítimo San Juan de Dios” a ayudar en la atención de pacientes con daño neurológico.  Los viernes iba a la escuela del lenguaje de nuevo y por las tardes apoyaba el reforzamiento escolar del grupo “Reñaca más Alto”. Los  sábados por la mañana ayudaba en el comedor parroquial y por la tarde iba al cerro de Villa la Cruz a realizar juegos y actividades pastorales con los niños. Los  domingos íbamos a misa y siempre que podíamos visitábamos a Chela y Maritza, madre e hija. Las veces que tuve tiempo libre salí  a conocer la ciudad o aproveché para recoger mi experiencia. Y por supuesto,  algo que era de todos los días, practicar la vida en comunidad y  todo lo que conlleva que “Mater noviciado” fuera mi hogar.

 

Pocas acciones ponen a prueba nuestro verdadero nivel de consciencia. Nuestra inquietud de por qué y para qué hacemos las cosas. Constantemente me preguntaba por dónde estaba queriendo llevarme El Señor. Pero era ahí, en la cotidianeidad, que Él salía al encuentro y me hacia consciente de que es un Dios de amor, un amor que se demuestra con acciones y no palabras. La espontaneidad, la alegría y el cariño de todos los niños con los que compartí, las veces que alguien me recibía con los brazos abiertos en su casa, la emoción de las personas del Sanatorio cuando ponían música para que bailaran o cuando charlábamos a pesar de su discapacidad, el sentido de fraternidad y las ganas de ayudar en cada comedor, el compartir en comunidad cada almuerzo... Fui testigo de tantos actos de amor que sería muy largo si los describiese todos, pero me confirman que esa es la esencia de cada acción que realizamos. Que el amor hacia los demás se demuestre en actos concretos.

 

También me hice consciente de que cada quien puede elegir construir El Reino desde su realidad, hasta en lo más sencillo. Recuerdo un día en el que estaba desmalezando el patio de nuestra casa. Desmalezar es literalmente quitar la maleza del pasto con un pala, una tarea un poco cansadora. Eran como las cuatro de la tarde, yo ya estaba un poco sudada y fatigada cuando de repente,nuestro vecino de enfrente, Aarón, llega con un azadón y empieza a ayudarme. Así sin más empezó a desmalezar conmigo, terminando en 5 minutos. Le di las gracias varias veces. Más tarde,  esa noche, durante la oración comunitaria, leímos la parábola del buen samaritano. Entonces me reconocí a mí como el hombre en el camino, no en un caso tan extremo como estar golpeado y medio muerto, pero si de  alguien cansado que necesitaba ayuda. Y fue Aarón, el buen samaritano, que se compadeció de mí. De nuevo Él saliendo al encuentro en lo más cotidiano.

 

Estoy profundamente agradecida  con mi comunidad: Anita, Elisa y Quena. Gracias por todo lo que me enseñaron, en especial a preocuparme por la casa en común y a acoger a todos. Doy gracias a Dios por su vocación y por cada compartir, me divertí harto. También a Anne-So y Madeleine, mis compañeras belgas voluntarias; aprecio mucho  su amistad. Doy gracias a toda la gente de Reñaca Alto por su acogida,  reconozco su coraje y la extraordinaria forma en la que viven su fe. No hay palabras para agradecer todo el cariño y alegría que trajeron a mi vida. Conocí gente maravillosa, sin duda las personas en Chile son excepcionales, y ni hablar de las ricas onces.  Gracias a la Sociedad del Sagrado Corazón por darme la oportunidad de ser voluntaria, pero en especial a la provincia de Chile por recibirme. Gracias a las rscj María del Mar, Conny Mateos, Mariluz y Maricruz  por su ayuda y orientación. Finalmente gracias a mis papás y a Dios, que les debo en  gran parte lo que soy. 

 

Podría seguir escribiendo y escribiendo sobre todo lo que aprendí y descubrí pero ya sería demasiado largo. Este tipo de experiencias te transforman, te inspiran y te enseñan que la verdadera felicidad viene del amor y la generosidad. Fui muy afortunada de que haya sido en otro país porque viajar sirve para ver las cosas como son en vez de pensar cómo serán. Ahora me toca la tarea de seguir reconociendo el rostro de Jesús en todas las personas, de hacerme consciente de su pasar por mi vida desde  mi realidad de estudiante, de hija, de mujer; y hacer del voluntariado un estilo de vida no solo una experiencia de 5 meses. Compartirlo también para contagiar a más jóvenes a seguir ayudando. Entonces cuando me pregunten ¿cómo estuvo? seguiré respondiendo “Increíble “ pero sabré todo lo que  implica.

 

“Cada latido de tu corazón, cada pena, cada anhelo, cada atardecer, cada manjar, cada esfuerzo en el trabajo, cada sonrisa, cada cansancio con el correr del día, cada despertar, cada bienestar al adormecerte… Todos ellos tienen sentido a través de Dios, a través de él pueden ser leídos.” Antoine Saint-Exupéry

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