TIEMPO DE SILENCIO Y QUIETUD

Publicado el 19 de abril de 2018    |   Por Pilar Segovia, 17 de abril de 2017    | A la escucha del mundo

Necesidad de estar simplemente en presencia del Señor

La Quena me invitó a los ejercicios de contemplación en la casa Betania de El Rincón (Puchuncaví).  Tenía muchas ganas de tener un tiempo para estar con el Señor, pero me inquietaba los siete días en que como decían las indicaciones, no había que llevar nada y la Biblia, el rosario y un cuaderno de notas eran optativos.  ¿Podría hacerlo?  No quise hacerme ideas o imágenes de cómo sería el retiro, preferí seguir un sentimiento de ir a una aventura con el Señor. Así que partí en la confianza que si Él me quería ahí, tendría que darme lo que necesitaba para poder hacerlo.

Estar con Él, estar en su presencia de eso se trataba y eso fue lo que el Señor me regaló – estar en su presencia con todo mi ser.

Estos ejercicios me enseñaron un nuevo modo de relacionarme con el Señor. Las orientaciones de nuestra guía, Emilse Flores ecj, su compañía en todos los bloques de oración, el grupo con quienes rezábamos juntas la mayor parte del tiempo, me fueron enseñando a acallar las voces interiores, silenciar las palabras, dejar las imágenes y modos y aprender a simplemente estar en presencia del Señor. Y Él me regaló el gozar de una dulce quietud para permanecer.

No razonar sino que percibir.  Aguzar el sentido de la percepción para conectarme con la naturaleza, conmigo, con los demás y con Dios; desde mi ser más profundo más que desde las ideas.   Y Dios me dio la gracia de “sentir y gustar” interna y profundamente que soy parte de la creación y que todo y todos somos uno en Él.  Me acordé que San Francisco llamaba “hermano” a todas las creaturas.  Entendí que no era producto de conceptos bonitos y profundos, sino fruto de su experiencia de Dios.  Dios creador en todo y en todos y todos en Él. El Señor me amplió el corazón.

Quisiera también compartir cómo el Espíritu nos unió, nos hizo comunidad.  Éramos cinco religiosas y seis laicas orando y viviendo esos días juntas.  No había distinciones entre unas y otras y en el silencio nos aportábamos y apoyábamos tanto unas a otras.  Una linda experiencia de iglesia.

Pilar Segovia

17 de abril de 2017

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