“Vengan a mí los que están cansados y agobiados, porque yo los aliviaré”.

Publicado el 13 de junio de 2017    |   Por M. Ester Ordóñez e Ingeborg Ochoa    | A la escucha del mundo

Testimonios de la Pastoral de la Salud, en Villa Alemana
El amor de Dios manifestado en el Sagrado Corazón de Jesús se revela a los pequeños, a los sencillos: los pobres, los alejados, a los que lo buscan, a los enfermos que frente al dolor aprenden a unirlo a la pasión de Cristo y allí encuentran el descanso sabiendo y experimentando el valor del sufrimiento en sus propias vidas. La cruz que en el primer momento rechazan porque no tenía sentido luego se dan cuenta que todos tenemos nuestras propias cruces. Ven que ella los acerca más a la compasión de Dios y así van también ofreciendo sus tribulaciones, conversando con Jesús, no dejarse aplastar por la cruz, hacerla gloriosa, con Él todo se puede porque su yugo es suave y su carga ligera.  Después se sienten elegidos de Dios.


La Pastoral de la Salud de  Villa Alemana tiene la misión de visitar los enfermos del Hospital de Peñablanca, casas de reposo y enfermos en sus propias casas, son asesoradas por la Hna. Carmen Vial rscj. Aparte de las reuniones regulares ellas, antes de visitarlos se reúnen en la capilla a orar para que el Señor les de lengua de discípulo y poder dar una palabra de Dios, palabras sanadoras, oídos atentos y un corazón como el de Jesús.  Dos integrantes  relatan testimonios hermosos vividos en su servicio.
Una experiencia en Tisiología del Hospital de Peñablanca.  Las personas que están acá es porque tienen T.B.C., ellos están aislados del resto del Hospital; para entrar debemos usar mascarilla.  La mayoría están enfermos porque han trabajado en las “Minas”, en el Cemento o en el Agro. Otros por alcohol o situaciones de calle.


Cierto día que visitábamos este sector ya los conocíamos a todos así es que era fácil entablar la conversación. En esa oportunidad había otro enfermo más y pasamos a saludarlo pero él dijo que no lo molestáramos y se tapó la cabeza y se dio vuelta para no vernos ni escucharnos. Sus compañeros de pieza dijeron que no hablaba con nadie y era muy gruñón.  Nosotras debemos ser muy respetuosas y prudentes así es que bajamos la voz y conversamos con los otros enfermos, Así pasó un tiempo, vi a una señora, la saludé y conversé con ella, era la esposa y tenían una niña que no podía verlo porque tenía menos de 15 años. Él me saludó y la vez siguiente me dijo que estaba enojado con Dios “cómo se le había ocurrido mandarle una enfermedad de borrachos y vividores si él no era así, él era un hombre bueno que solo trabajaba.  Dios se equivocó” (en estos casos se nos ha enseñado que no defendamos a Dios porque el se defiende solo, nosotros solo escuchar).  En las semanas siguientes me iba directo a conversar con él y le preguntaba por su esposa y su hija, me mostraba fotos y luego fue todo mas fluido, él había trabajado en las Minas y su último trabajo en Cemento Melón y ahí se resfrió pero continuó trabajando, entonces le dije eso fue: “Sí” me dijo , o sea, fue el puro trabajo, le respondí no porque Dios lo haya castigado o se haya equivocado, luego me miró y dijo:”yo les escuchaba como hablaban del amor de Dios y me daba rabia porque Dios a mí no me amaba”. Entonces le dije Dos siempre lo ha amado, pero tenía que detenerse Ud. Para encontrarse con Él.  Dios a veces permite episodios fuertes en nuestras vidas para que le dediquemos  un tiempo y reflexionemos y aquí ya se está encontrando con Él.  Así pasaron varios meses e iban llegando otros enfermos y él les daba su testimonio cómo en el sufrimiento y en las largas noches se encontraba con Jesús, que Jesús vino por los enfermos, que la enfermedad es la visita de Dios.  Más aún nos contaba que por la tarde leían la Biblia, la meditaban entre ellos.


También había un joven evangélico que estaba por segunda vez hospitalizado y como el tiempo era bueno, entonces se sentaban en una galería de vidrios donde estaba bastante temperado. Este joven nos impresionaba porque estaba tan delgado y él manejaba su silla de ruedas. Sus testimonios eran muy profundos. Recuerdo que luego de hacer una liturgia le dimos la palabra si querían dar gracias o hacer una petición.  Este joven que ya estaba muy mal hizo intento de pararse, le pedí que lo hiciera sentado y me dijo: para dirigirme a Dios tienen que ser de pie; para todos los que estábamos ahí fue impactante.  Dio gracias a Dios por todo lo que le había regalado en la vida, lo primero sus padres, luego le pidió perdón. Lo alababa, lo bendecía, le temblaban las piernas y la voz casi no le salía, se sentó y nos dio las gracias a nosotros, nada, le dijimos y respondió: Uds. nos vienen a acompañar y a enseñar el camino, yo lo sé pero aquí hay muchos que no lo conocen, el camino es Jesús, porque es la vida, la verdad, esta enfermedad es mi cruz y me une a Él.  La recaída que había tenido fue por arreglarle el techo a su hermana mientras llovía.   El siguiente miércoles nos dijeron que había fallecido al otro día de nuestra visita, creo que aún lo escuchábamos, fue como una profesión de fe antes de irse.   En otros casos también se han celebrado bautizos de personas que quieren recibir el sacramento antes de morir.
Agradecemos a Dios esta  vocación especial  de acompañar enfermos, de la cual salimos  fortalecidas en la fe. Jesús nos ayuda a llevar la carga, escucha nuestras peticiones, y nos permitir experimentar su Palabra: “carguen con mi yugo y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón, y sus almas encontrarán alivio”.

M. Ester Ordóñez e Ingeborg Ochoa
Laicas Comunidad rscj de Villa Alemana

 

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