"Ante los Rostros Sufrientes de Hoy, Seamos Mujeres de Esperanza".

Publicado el 10 de agosto de 2015    |   Desde el corazón (Borrador)

Desde hace tiempo que tengo una pregunta en el fondo de mi corazón: ¿Qué nos está diciendo el Señor a través de los signos que aparecen en el mundo de hoy?

Aún no tengo la respuesta, pero trato de releer en la historia lo que el Señor nos está diciendo.

Creo que todos nos hacemos esa misma pregunta al ver los acontecimientos de un mundo que aparece como enloquecido: la guerra islámica, con persecución religiosa y muerte de tantos inocentes, solamente por ser cristianos; lucha de poderes entre países hermanos; desigualdades económicas que hacen que los pobres sean cada vez más pobres; luchas fratricidas; corrupción a todo nivel, etc.

En Chile.  y en varias partes del mundo, problemas por el cambio climático con consecuencias fatales (baste recordar aquí en Chile los aluviones, incendios, erupción volcánica, inundaciones…)

¿Para qué seguir con historias de calamidades, cuando todos  las conocemos? En un mundo globalizado, las noticias son inmediatas.

En el libro: “Desplegar la vida”, de nuestra  Congregación, he encontrado algunas pistas que pueden ayudarnos a entender el mensaje de Dios para  nosotras:

“…Ante esta realidad, necesitamos entrar en nuestro corazón y escuchar… (Documento: “Desplegar la Vida” pág.13)

¿Qué significa para mí “entrar en nuestro corazón y escuchar”? Pienso que es tener oídos de discípulo/a y aprender a escuchar, con atención, los sucesos para meditarlos en nuestro corazón y entender de qué nos está hablando el Señor a través de esos signos que van surgiendo en la historia de la humanidad y en nuestra propia vida.

“A pesar de que vemos desigualdades e injusticias en nuestro mundo, hay por debajo una trama oculta, la de Dios que está llevando la humanidad hacia el Reino. Estamos involucradas en esta historia de amor de Dios con la humanidad”. (DV pág 10)

Tengamos la certeza que para Dios no hay casualidades y que todo está medido por su “Misericordia y Amor infinitos” y que quiere, que,  todos los hombre y mujeres, cumplamos el proyecto que tiene para cada uno y cada una. 

Seguramente desea que palpemos nuestras fragilidades y entendamos  la caducidad de la materia, que volvamos nuestra mirada hacia Él y colaboremos con nuestra pequeñez, en la construcción de un mundo mejor y más justo: involucrarnos en la construcción del Reino allí donde el  Señor nos llama a  realizar la misión de esperanza que hoy se necesita más que nunca. ¿Cómo hacerlo? Creo que cada uno y cada una debe plantearse el cómo,  especialmente rescatando todos los signos positivos de le presencia de Dios en la historia.

“Queremos descubrir el amor de Dios en las heridas del mundo, como un reflejo concreto de nuestra vida contemplativa. Necesitamos ser transformadas para poder vislumbrar el rostro de Cristo en los rostros de los  pobres y en la vida de cada una de nosotras”. (DV pág19)

En nuestra oración contemplativa,  roguemos que el Señor nos de la capacidad de descubrir su rostro sufriente y nos ayude a dar respuestas concretas a un mundo que tiene  sed de Dios, que vaga entre dudas, conflictos, oscuridades, porque ha perdido el sentido de Dios y de la vida.

“Como mujeres de esperanza y compasión, anclamos nuestras vidas en Aquel que es nuestro centro, sabiendo que Dios desea la plenitud de vida para cada una de nosotras y para nuestro mundo”. (DV pág.20)

¿Cómo hacer que nuestra vida esté “anclada en Aquel que es nuestro centro?”  Creo que es una pregunta que cada uno/a de nosotros debe hacerse para poder responder, con signos positivos de esperanza, en nuestras relaciones interpersonales, en nuestros grupos pastorales, en nuestras familias, en nuestras comunidades religiosas, en una palabra, que sepamos mostrar signos de esperanza a todos los que se sienten desorientados o desorientadas  hoy día.

“… Queremos cultivar la pasión por lo que ocurre en el mundo, por cada una de las manifestaciones de la vida, allí donde están los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Nuestra espiritualidad se encarna al convertirnos en ciudadanas de este mundo y revitalizar nuestra vocación a transformarlo con un sentido educador”. (DV pág.23)

Tenemos un camino por hacer para mostrar, con nuestra vida, esa esperanza de “un mundo mejor es posible” allí donde el Señor quiera enviarnos. Que Nuestra Santa Madre nos enseñe y ayude a ser MUJERES DE ESPERANZA.

 

Raquel Ayala rscj

Comunidad de Villa Alemana

 

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