"Donde se anuncie la buena noticia será recordada esta mujer y lo que ella ha hecho"

Publicado el 19 de abril de 2011    |   Desde el corazón (Borrador)

Donde se anuncie la buena noticia será recordada esta mujer y lo que ella ha hecho. (Mt 26,13) El Jueves Santo la Iglesia recuerda, de manera especial, que el amor de Dios a la humanidad quedó sellado definitivamente con la entrega total, lúcida y libre de Jesús de Nazaret. Dos mil años después podemos pensar que, cuando decidió subir a Jerusalén, Jesús ya percibía la inminencia de su muerte. Era evidente que sus acciones y sus palabras en favor de la vida justa y digna resultaban incómodas para las autoridades religiosas y políticas de su tiempo. Las mujeres que le habían acompañado desde Galilea pre-sentían con Jesús. María de Nazaret, María de Magdala, Marta y María de Betania, María Salomé, María la madre de Santiago y de José, María de Cleofás, y muchas otras mujeres estaban con Jesús en Jerusalén. De hecho, seis días antes de la fiesta de la pascua judía, como a dos kilómetros y medio de Jerusalén, María de Betania ya había presentido que la muerte violenta de Jesús estaba cerca. Su intuición hizo que se anticipara a ungirlo para el día de su sepultura. Un gesto que ni Jesús ni sus compañeros olvidarían: derramó casi medio litro de perfume de nardo puro, muy caro, en los pies de Jesús y, transgrediendo la norma de llevar cubierta la cabeza, los secó con sus cabellos. ¡Cuántas mujeres han preparado la “última cena” de sus seres queridos porque los poderes de este mundo han decidido eliminarlos! Y los han ungido con besos y con bendiciones, los han animado a mantenerse fieles a la causa de la vida como la causa de Jesús, les han colgado una cruz al cuello y les han dicho “que Dios te bendiga”. Incluso hay quienes les han acompañado hasta el final y quienes han decidido entregar su propia vida. Son incontables las mujeres que han gastado su vida anunciando el evangelio, viviendo la buena nueva de Dios. Ellas dan de comer al hambriento y de beber al sediento, visitan al enfermo y al prisionero, visten al desnudo y consuelan a los que están tristes. Con su trabajo, muchas mujeres de nuestra historia mantienen viva la fe de nuestros pueblos. Ellas multiplican el pan en las mesas y anticipan el día del gran banquete en común. Así las vemos el Viernes Santo. Las mujeres están ahí, delante de la cruz injusta de Jesús. Ellas sienten presente a Dios, sufriendo con su Hijo y sufriendo con ellas… esperando, impacientes, la aurora de la resurrección. Viernes Santo para muchas mujeres junto a la cama del hijo, de la hermana, de la amiga con cáncer, con sida o con tuberculosis. Viernes Santo junto a ancianas desprotegidas, junto a niñas y niños abandonados, con personas heridas de guerra, o refugiadas políticas. Viernes Santo con miles de damnificados por los desastres naturales. Viernes Santo para miles de mujeres religiosas que, en nuestro continente, han elegido vivir en zonas marginadas para compartir y acompañar a los crucificados de nuestra historia, para anunciarles que Dios está en medio de ellos. Viernes Santo, tiempo y espacio de la presencia de muchas mujeres con entrañas de misericordia. Viernes Santo en los rincones marginados de nuestras grandes ciudades. “Una gota de agua nos está quitando el sueño esperando que caiga” decía una pancarta de las mujeres que reclamaban su derecho a la vida. Lucha solidaria y perseverante por el agua para ellas, para sus hijas e hijos, para toda la comunidad. Viernes Santo para mujeres jóvenes que sufren la violencia en sus cuerpos, que son golpeadas física y psicológicamente por quienes se creen superiores a ellas. Mujeres violadas obligadas a participar en jucios denigrantes en los que se les acusa de provocadoras. Muchachas, adolescentes, niñas que han sufrido abusos sexuales y cuyo rostro humano ha quedado deformado y en silencio. Viernes Santo para muchas mujeres que, por trabajar eficazmente en favor de una sociedad nueva han sido heridas y mutiladas. Mujeres que, por esperar creativamente un orden social más justo se han convertido en prisioneras políticas. Viernes Santo para las mujeres que nuestra cultura patriarcal recluye en sus hogares, para las que no tienen voz, para las que venden su cuerpo a cambio de pan en su mesa. Viernes Santo, tiempo y espacio de la solidaridad de Dios con las mujeres. Georgina Zubiría M. rscj provincia de México - Nicaragua Las mujeres y el Misterio Pascual (extracto) comentar

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