“En manos del Alfarero, llamadas a dejarnos transformar por el Espíritu…”

Publicado el 24 de abril de 2013    |   Por Linda Guerrero Lanoyre,Novicia RSCJ . Provincia Perú    | Desde el corazón (Borrador)

Hace un año llegué a tierra Chilena, con mucha ilusión, gozo, esperanza, deseos de compartir mi vida, movida por una clara opción de servicio, de encuentro, de compartir en una mesa común ese amor que me fue revelado en mis muchos y a la vez pocos años de vida, de caídas y levantadas, de gozos y esperanzas, de semillas de unidad y compromiso que sembraron mis padres y que los vi enraizar en mi día a día, de palpar y conmoverme con el dolor de la injusticia, la exclusión, la marginación de muchas personas que en un llanto acallado por el poder, gritan y gritan… ¿Crees que solo hablo por mi?... Valgan verdades, no!.. 

 

Es la experiencia de un grupo de mujeres jóvenes, que en su búsqueda para responder al llamado del Buen Pastor, del Padre-Madre Misericordia, nos disponemos desde esta opción, a compartir la vida y luchar por un mundo mejor, más humano, más hermano, donde la persona pueda beber de su dignidad de ser y puesta en pie “cruce la oscuridad del túnel hacia la claridad de una nueva vida”, que anhelan ardientemente florecer en la esperanza; experiencia de mujeres jóvenes que tienen el deseo de compartir su descubrir el verdadero ser persona desde la Persona de Cristo...”Camino, Verdad y Vida…”.

 

Cada una con sus aportes, viviendo en corresponsabilidad su “Unidad en la diversidad”, con sus propias  raíces y culturas, con sus aciertos y desaciertos, con sus dones y vulnerabilidades, pero aportando en un bien  común, de nosotras y de aquellos con quienes nos relacionamos; aprenden a dejarse tocar al corazón desde lo más hondo de sus heridas, para encontrar allí los recursos y crecer, saber llegar a esos impulsos, motivaciones y esperanzas que las lleven a seguir caminando en sus propios discernimientos. Y aquí, siempre estarán presentes los otros, los más vulnerables, la gente que son “nuestro evangelio hoy”, que nos confronta, que nos piden un servicio compartido en humildad, acogida, apertura, “seguir lavándonos los pies…”, que de testimonio de “Aquel Pan partido y compartido… en la mesa común…”, donde todos entran… nadie queda afuera… ¿Podemos abrir más nuestro corazón, desde este llamado a dar vida… compartir nuestra vida?        

 

Está en nuestras manos, somos novicias, cada una con lo que le toca vivir, con su propio “ir creciendo”,  pero sabiéndonos acompañar y sostener en nuestra comunidad de puertas abiertas, donde resuene el mensaje, vida y misión de Jesús, donde vamos tejiendo redes de AMOR, COMUNIÓN, UNIDAD…, donde valoramos lo que somos, tenemos y compartimos, insertas en una comunidad, una Sociedad ampliada, que tiene su base en vivir desde la Centralidad de los Sentimientos del Corazón de Jesús, aportando en la lucha por la dignidad de la persona, como testimonio de lo que nos legó Magdalena Sofía y que juntas luchamos por hacer vida y seguir caminando, seguir confiando, “abriendo nuestros corazones a la esperanza y a la alegría”.                

 

Esto lo empiezo escribiendo yo, lo leerán muchas, puede ser que alguna se sienta identificada en algo de  lo escrito…  tal vez no…, lo único certero aquí, donde estamos compartiendo nuestras vidas, es que el Señor nos moldea, estamos en sus manos, cada una desde su propio barro, a su propio ritmo, según el ritmo y tiempo de Dios en nuestras vidas…                                                                                                                            

¿Nos sentimos verdaderamente en manos del Alfarero..?

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