Fiesta de la Asunción de María. Por: Comunidad Santa María de la Encina

Publicado el 17 de julio de 2014    |   Desde el corazón (Borrador)

Se acerca la fiesta de la Asunción de María el 15 de agosto y se celebra el día de la Religiosa, nos parece oportuno compartirles una Conferencia de Santa Magdalena Sofía a las religiosas de su comunidad el día de la  Víspera de la Asunción de 1858  donde profundiza en su devoción a María, tan ligada a la devoción al Corazón de Jesús.

Comunidad de Santa María de la Encina

Conferencia de Santa Magdalena Sofía Barat dirigida a las Religiosas del Sagrado Corazón, la víspera de la Asunción en 1858

"¿No es cierto, hijas mías que nuestros corazones sienten algo especial que nos rodea, una dulce alegría una santa paz, al acercarse la hermosa fiesta que celebramos mañana?

Es el triunfo de María y de la Iglesia que durante el año ya celebró los misterios de su vida más notables despliega con toda razón en su Asunción mayor magnificencia. Es el día en que la criatura más perfecta, la Madre de Dios, recibirá el premio de sus sufrimientos y méritos; sobre ella sólo está la Santísima Trinidad, está a la derecha de Dios Hijo. Y ¿por qué, hijas este triunfo tan grande, esta gloria tan divina? Responderé diciendo que veo tres razones. Primeramente María fue la más humilde de las criaturas; luego amó a su Hijo con un amor incomprensible; y por último contribuyó a la Redención del género humano.

María fue, en verdad, la más humilde de las criaturas. Siempre lo creímos, es Inmaculada, sin que ninguna mancha oscureciera la belleza de su alma, y sin embargo su profunda humildad la hacía ponerse por debajo de todas las criaturas. A causa de su Concepción Inmaculada tuvo desde el primer momento de su existencia, perfecto conocimiento de Dios y esto inflamó más y más el ardiente amor que la consumía, y le hizo aceptar  de antemano todos los sacrificios que Dios le pedía, en especial en el momento  de ofrecer a su Divino Hijo  en el Templo, el anciano Simeón le hizo su dolorosa profecía. María comprendió entonces a lo que estaba llamada, y el amor con que amaba a su Dios, le hizo también amar a los hombres, que le costaban tan caro y sobre todo en el momento en que al pie de la Cruz su divino Hijo la presentó a todos los hombres en la persona de Juan, María se mostró en verdad Corredentora, Madre nuestra. La Iglesia nos invita al agradecimiento, pero nosotras no limitemos estos sentimientos a homenajes exteriores; probémoslo honrándola lo más posible, sobre todo, imitando sus virtudes. Imitemos su profunda humildad, su ardiente amor a Nuestro Señor y, en fin, su amor a las almas cooperando a esta obra que estamos llamadas a continuar. Para hacerlo con éxito, santifiquémonos, y pensemos en nuestra propia salvación. La palabra de Jesucristo: "¿De qué sirve al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma?", no parece aplicarse del todo a personas consagradas que han dejado todo por su amor, pero lo es en el sentido de que nos serviría poco haber trabajado y habernos sacrificado, si no perseveramos. Por eso mañana pidamos tres gracias a María: primero la de nuestra santificación, imitando sus virtudes y trabajando por la santificación de las almas; luego la perseverancia; y tercero la de una buena muerte. En esta última quizás no pensamos bastante, sin embargo ¡es tan importante! (…) Sí queridas Hijas, es bueno el animarse pensando en el Cielo, los Santos lo hacían con frecuencia. San Ignacio en el balcón de su casa de Roma levantaba los ojos al cielo exclamando: "¡Qué vil me parece la tierra cuando contemplo el Cielo!" Su mirada profética le mostraba sin duda, el gran número de almas que aumentarían un día su gloria en el Cielo. San Bernardo decía en su lecho de muerte:"¡Déjenme mirar al Cielo para que vea el camino que me conducirá pronto a mi felicidad eterna!"

Pidamos estas gracias a la Santísima Virgen (…) entiendan bien que hay que despojarse del hombre viejo y revestirse del nuevo…    Así santificándose, santificarán a otras almas y tendrán  una muerte tranquila y feliz, pues las unirá al objeto de sus deseos que es el Corazón de Jesús."

Hna. Bernardita Délano rscj. 

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