Filipina de los deseos

Publicado el 05 de noviembre de 2013    |   Por Bernardita Zambrano,rscj    | Desde el corazón (Borrador)

Para Edward Kinerk sj “el deseo esencialmente es una inclinación hacia algún objeto, acompañada por un afecto positivo. El objeto determina la calidad del deseo; su intensidad viene del afecto”. Yo creo que Filipina fue una MUJER DE DESEOS, su objeto claramente era Dios y la intensidad de su afecto se puede dimensionar en sus palabras: “mi único deseo es responder al llamado de Dios y abandonarme a su providencia”. Ese afecto la llevó a una  frecuente búsqueda de la intimidad con el Señor, al deseo de pasar toda la noche en oración, lo que al final de sus días, llevó a que los indígenas la llamaran “la mujer que siempre reza”. Ese mismo deseo es el que en otra etapa de su vida, la hizo sufrir cuando Magdalena Sofía derribara las rejas del convento, que para Filipina eran límites concretos entre su intimidad con Dios y el resto de la actividad en el  mundo.

Teniendo presente ese gran deseo de Dios, se van formulando a lo largo de la vida de Filipina pequeños deseos que van alimentando este deseo mayor, que al final de su vida se traduce en la profundidad de la contemplación que la hace exclamar: “Amo mi soledad y la amaré aun más si tengo más”.

Recorramos la vida de Filipina de la mano de sus deseos. Se dice que muy pequeña escuchó a un sacerdote hablar de las misiones extranjeras,  allí se origina en ella el deseo de ir a anunciar a Dios a aquellos indios de tierras lejanas que aun no le conocen. Luego el deseo de servir a Dios comienza a concretarse al querer entrar a la vida religiosa, proyecto que no es del agrado de su familia, pero esto no la desanima, sino que la hace esperar hasta ser mayor de edad, para dar el paso e irse un día al Convento y  quedarse allí definitivamente.

Pero este proyecto de Vida religiosa se frustra con la revolución francesa, el Convento es desbaratado y Filipina sufre al ver como su deseo es pisoteado, por un mundo cambiante que ha extremado el liberalismo en pos de una democracia que comenzaba a cambiar el mundo.

Aquí se prueba nuevamente la calidad de su deseo, intenta restituir su convento, lo compra y hace lo imposible por sostener allí una pequeña comunidad, hasta que la Providencia permite unir su deseo al de Sofía Barat, comenzando una nueva etapa para Filipina, ahora como Religiosa del Sagrado Corazón.

Es entonces cuando renace el deseo misionero, ese de anunciar a Dios allí donde no lo conocen. La Sociedad está recién expandiéndose por Francia, Sofía quisiera retenerla, es su amiga y una gran colaboradora, pero también es una mujer cuyo gran deseo era dar gloria al Corazón de Jesús en el mundo entero. Filipina espera, se impacienta, obedece y vuelve a esperar, finalmente es enviada a América, donde su deseo origina una nueva etapa para la Sociedad del Sagrado Corazón que comienza su expansión en el nuevo mundo. La experiencia no es como la esperaba, le toca ser superiora y llevar adelante la fundación de Colegios en la ciudad. Pero su deseo es llegar a los indios, a los más desamparados que aun no conocen al Dios de Amor. Y aunque este deseo se cumple casi al final de sus días y está con los indios no más de un año y con la limitación de no poder comunicarse con ellos, el recuerdo de esta mujer sigue vivo hasta nuestros días ¿qué nos puede decir hoy a nuestra vida, Filipina de los deseos?

Quizás lo primero es preguntarnos cuál es nuestro mayor deseo, lo más profundo que da mayor paz a nuestro corazón. Teniendo claro el deseo más hondo se van ordenando las pretensiones más pequeñas del día a día. Para Filipina ya lo sabemos, su gran deseo era “el querer de Dios” es decir Dios mismo, reinando en su vida.

Lo segundo es buscar las estrategias que nos conectan con ese deseo mayor, para Filipina: la oración, ese tiempo de soledad, deseado, cuidado y disfrutado. En algún tiempo tras las rejas del convento, en otro tiempo en un barco hacia nuevas latitudes, luego en una tienda en medio de los indios y finalmente en un pequeño cuartito bajo la escalera en Saint Charles.

Y lo tercero disfrutar de la paz que viene de responder al Deseo más hondo. Para Filipina la paz era confiar una y otra vez en la acción de Dios en la vida y, por medio de su propia vida. Filipina   fue ensayando lo que significa vivir en Dios, luego, toda su existencia es transformada por Su Amor, entonces es vista como la mujer que siempre reza, pero que también siempre Ama. Se dice que al morir las mujeres potowatomies escribieron una oración, en este extracto se vislumbra el amor irradiado por Filipina entre los indios:

“Estamos afligidas, hay muchas millas de distancia que nos impedirán colocar, una vez más nuestras mantas sobre su espalda. Ella aprendió de nosotras el modo de tejerlas y nosotras aprendimos a orar mirando su rostro.

Haz que el sol brille sobre su ternura y que esta noche la luna llena nos recuerde las horas que pasó ante Ti orando en esta tienda”. 

Dejémonos hoy acompañar por “Filipina de los deseos” y encomendémonos a su intercesión,  como lo siguen haciendo aun, algunas jóvenes con espíritu misionero en los Colegios del Sagrado Corazón en Chile, para reconocer y dejarnos llevar por nuestros Deseos más hondos:

 

Querida Filipina, compañera de la vida.

Como tú busco sólo corresponder fielmente al llamado de Dios,

por eso me abandono a su amor y compañía.

Ni las pruebas ni las dificultades serán superiores a la ayuda que de Dios espero recibir.

Quiero servir a los más desamparados, mi DESEO se cumplirá.

Estoy lista a partir sin demora, aunque tuviera que ir a pie hasta el fin del mundo. Así sea

 

Por Bernardita Zambrano Chávez rscj

comentar

Comentarios

Diseño Web - Posicionamiento Web - Sistema Web