Jesús nos espera en los hermanos y hermanas

Publicado el 05 de agosto de 2013    |   Por Isabel García rscj    | Desde el corazón (Borrador)

Durante el  mes de Agosto celebramos  el  Mes de la Solidaridad.

Si miramos con los ojos de Jesús a nuestro rededor, tanto en Chile como en el mundo, podemos reconocer que está aumentando de manera alarmante la desigualdad. Y esto no es por casualidad sino porque gradualmente hemos entrado en un sistema en que vamos sustituyendo la colaboración como hermanas/os, la solidaridad y la búsqueda del bien común por el competir, la rivalidad y el acaparamiento de bienes en manos de unos pocos, mientras muchos se ven privados de lo necesario.

Quizás sería oportuno hacernos nuevamente la pregunta del Padre Hurtado “¿Qué haría Jesús en mi lugar?”.

Como cristianas y cristianos nuestro centro es Cristo…nuestro actuar no es simple altruismo, es desde El, imitándole a El, que nos ayudará con su luz y su fuerza. El ser humano ha sido creado para darse a
los demás, para salir de sí; sólo abriéndonos a los hermanos y hermanas, especialmente a los más necesitados, a los marginados y excluidos,  encontraremos el sentido de la vida porque vemos en cada persona al mismo Jesús presente…”Todo lo que hagan a uno de mis hermanos más pequeños a mí me lo hacen” (Mateo 25, 31-46)

A menudo somos poco conscientes del egoísmo y consumismo que nos invade; San Basilio ya en el siglo IV enseñaba que lo que tenemos demás, no nos pertenece: “El pan que no usas es el pan del hambriento. El vestido colgado en tu armario es el vestido del que está desnudo. Los zapatos que no te pones son los zapatos de quien está descalzo. El dinero que tienes guardado es el dinero de los pobres. El bien que dejas de hacer son injusticias que cometes”.

Hace pocos días nos impresionó ver al Papa Francisco en la Favela de Río. Allí él nos dijo: No es la cultura del egoísmo, del individualismo, que muchas veces regula nuestra sociedad, la que construye y
lleva a un mundo más habitable; no es ésta, sino la cultura de la solidaridad. La cultura de la solidaridad no es ver en el otro un competidor o un número, sino un hermano. Y todos nosotros somos hermanos”.

Como Religiosas del Sagrado Corazón, en el Capítulo General del 2008, expresamos “Nos duele el dolor de nuestros pueblos. Desde ellos y con ellos encontramos en el corazón abierto de Jesús, el manantial capaz de saciar nuestra sed. Al contemplar Su corazón en el corazón herido de la humanidad, surge el deseo de comprometernos con mayor pasión y compasión en la búsqueda de la justicia, la paz y la integridad de la creación…Es una responsabilidad ineludible orientar todos nuestros esfuerzos educativos hacia la creación de relaciones basadas en la equidad, la inclusión, la no violencia y la armonía. Estamos seguras de que la vida, y la vida abundante, para todos/as  y para todo el universo, es el querer más entrañable de Dios. Ahí donde estemos, la misión educativa visibiliza nuestra solidaridad con los/as excluidos/as”.

Ahora que queremos celebrar los 160 años de la llegada de la Sociedad del Sagrado Corazón a Chile, es momento para que todas y todos hagamos realidad el querer de Dios,  crezcamos en fraternidad, compartamos  y repartamos lo que somos y tenemos, que seamos agentes multiplicadores  participando  y colaborando en la construcción del Reino.

 

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