Mi Experiencia Internacional

Publicado el 03 de octubre de 2017    |   Por Iwona Barys rscj    | Desde el corazón (Borrador)

MI EXPERIENCIA INTERNACIONAL

Soy Iwona de Polonia y llegué a Chile para vivir mi experiencia internacional. Vivo en la comunidad de Ana du Rousier en Michaihue, Concepción, con Naty, Nuncia, Gloria y Olinka.

Me preguntaron: “Iwona, ¿puedes compartir con nosotras algunas impresiones, sorpresas, cómo te ha tratado Chile en este tiempo?” Respondí con palabra chilena recientemente aprendida: “Sipo.”

Impresiones..., sorpresas..., Entonces:

Llegué a Chile el 4 de agosto. La ciudad de Santiago me dio la  bienvenida con un arbusto muy bonito con muchas flores rojas (¡no es posible ver flores en invierno en Polonia!) y Concepción me dio bienvenida con una lluvia muy fuerte que duró casi dos días incesantemente (¡también raramente hay tantas lluvias en Polonia!). Estas fueron mis primeras sorpresas... Pero sobre todo, me dieron una bienvenida muy cariñosa y muy calurosa mis hermanas que me acogieron primero en Santiago y después en Concepción, los profesores y las alumnas en el colegio (Concepción), la gente en la Fundación Con Tus Manos y  de la parroquia. Esto me ayudó a sentirme al tiro en mi nueva realidad como en casa (a pesar de las diferencias meteorológicas).

El primer mes fue lleno de muchos encuentros... y más sorpresas. Dos mujeres de la Fundación organizaron (para más de 40 personas) un paseo a la nieve, una excursión a Chillán donde se puede descansar, jugar en la nieve y... bañar en las termas. Me invitaron y dijeron que lleve un traje de baño. Pero yo no tenía idea qué significaba  bañarse en las termas. Cuando llegamos, vi una piscina con agua caliente y mucha nieve alrededor. Entendí que para bañarme tengo que quitarme  la ropa (2˚C) correr en la nieve y saltar en la piscina. Me tomó algún tiempo convencerme que es posible quitarse la ropa a esa temperatura. ¡Nadie en Polonia hace tantas cosas! ¡Nadieeee! ***** Después en la piscina, disfrutando el agua muy caliente y la fría nieve que caía en mi cara, “pensaba que extraño país es Chile que junta tantas contrariedades”. Pensaba también “cuáles son mis los limites que Dios va a invitarme a cruzar para vivir mi experiencia internacional”.

Después de una semana en Concepción, fui a Viña del Mar donde visité la comunidad del noviciado y a alguna gente que vive en cerros. En un cerro, en la capilla de Alberto Hurtado, muy pobre y sencillo, con queque  y café con leche de vaca celebramos el cumpleaños de una mujer. Esto fue un momento muy profundo para mí. Cuando después le  pregunté a una hermana qué significa  “el pobre es el sacramento” (leí esta frase en un libro sobre el padre Hurtado), ella me dijo “que este encuentro fue un sacramento; me dijo que no hace mucho sentido cuidar los manteles en los altares cuando mi hermano tiene hambre o frío; Jesús dijo que está presente en el más pequeño – “esto es el sacramento”.  Estas palabras siguen resonando en mi corazón.

El domingo fui a la capilla y participé en una liturgia,  pero no había un sacerdote, la comunidad era muy pequeña con los laicos que cuidaron  todo, la gente que se conoce y apoya como en una familia. ¡Qué diferencia! En general, nuestras parroquias en Polonia son grandes, con cientos de personas que, muchas veces, no se conocen, con muchos curas que celebran la misa en iglesias grandes, espaciosas y ricamente adornadas.

Después  fui a Santiago  a donde participé en un encuentro de hermanas de “generación joven”, de esta provincia, con Mónica Esquivel rscj, consejera general. Estuvimos solo siete. Durante esta reunión me di cuenta de la fragilidad y de la fuerza de esta provincia que con pocas hermanas sirve y ayuda a tanta gente y en tantos lugares.

El  día siguiente  visité la comunidad de hermanas mayores - Santa María de la Encina. En mi puerta encontré un papelito con mi nombre decorado con el sol, dos pajaritos y una flor pequeña –  muchos signos de cariño y delicadeza de las hermanas chilenas. Este día hacía muy buen tiempo y podía ver la Cordillera. ¡La vista fue estupenda! Por la tarde tuve la oportunidad de conocer a las hermanas un poquito más y compartir con ellas mi experiencia de probación y algunas informaciones sobre Polonia. Fue un encuentro muy bonito y muy alegre. Conocí también a Augustina, una hermana que no puede habar y lleva en cama muchos años. Probé comunicarme con ella por el tacto y sentí que esto fue más profundo que cualquier palabra.

El fin de semana participé en el encuentro del Centro de Alumnos. Conocí alumnos/as y profesores de tres colegios: Clara Estrella, Apoquindo y Concepción. Me gustaron mucho las presentaciones de colegios preparadas con creatividad y humor. Me impresionó el orgullo con cual hablaban sobre sus escuelas y sus profesores que les apoyen y ayudan. Durante estos días dedicados a los talleres de liderazgo, fueron algunos momentos de compartir que mostraron el alto nivel de madurez de estos alumnos y alumnas que ya son líderes muy comprometidos y realmente preocupados con el mejor futuro de Chile. Se sentía un ambiente muy fraterno entre ellos, mucha vida y esperanza.  Para ayudarme a entenderlos mejor, el último día de los talleres, algunos alumnos/as me enseñaron palabras y frases chilenas, por ejemplo: caleta; pegarse el pique; dar lata; bacán; filete; dar la hora; yeta; de mala onda y otros.

Al volver a Concepción empecé el proceso de integración con  mi comunidad y el proceso discernimiento de  cómo puedo participar en la misión de esta comunidad, dónde y cómo puedo servir. Por tanto he participado  en encuentros en la Fundación Con Tus Manos, en las misas de la Parroquia Universitaria, visité algunas clases en el Colegio. En medio de este proceso, el frío de Concepción me venció y me enfermé. En estos días recibí mucho cariño y cuidado de mis hermanas y también de nuestro vecino y coordinador de la capilla que me llevó en su coche al consultorio. En un comienzo me sentí un poco avergonzada por ser un problema,  pero ahora veo que la experiencia de mi fragilidad me ayudó a sentirme parte de la comunidad y de este lugar.

En este momento estoy empezando a vivir mi horario. Tengo talleres de inglés en el colegio, participo en encuentros de dos grupos de mujeres en la Fundación: Arañitas y Domoches, ayudo en reforzamiento y talleres educativos en la parroquia. También tengo tiempo para estudiar español/chileno, leer y continuar mi búsqueda de Dios en esta realidad. Creo que la llamada a vivir el encuentro con el pobre como un sacramento es lo más importante para mí en este momento. También creo que este tiempo en la  Provincia de Chile es un gran regalo para mí,   para descubrir de nuevo la alegría y la bendición de vivir el voto de pobreza que incluye la pobreza real de la gente con quienes vivimos, un sencillo estilo de nuestra vida, mi propia fragilidad y limitaciones, cariño y humildad en las relaciones y la confianza puesta en Dios. Muchas gracias por este regalo, por la oportunidad de vivir nuestra misión juntas como hermanas.

Iwona Baryś, rscj

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