Mirando siempre Jesús.

Publicado el 04 de junio de 2013    |   Por Guillermina Luza rscj    | Desde el corazón (Borrador)

Con motivo de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, propongo ahondar en la  espiritualidad del amor. Es decir, el estilo que tiene Jesús de amar desde tres momentos cruciales en su vida que nos invitan a mirarlo, alabarle, agradecerle y pedirle fuerza para mayor coherencia en nuestra vida de cristianos.

Al referirnos  al amor, usamos el símbolo del corazón, este musculo cardiaco que está en nuestro pecho, tiene que ver con el centro  afectivo más profundo  de la persona, desde allí  nos  relacionamos  original y totalmente con las demás personas y sobre todo con Dios. En  la cultura judía  los sentimientos más profundos de la persona  surgen  de las entrañas, es decir, en las mujeres estaría en el útero, allí donde se acuna la vida, así se dice que  Dios tiene entrañas de misericordia, que asume toda nuestra debilidad, nuestra miseria y la ama, pasa por su corazón.

 Con esto quiero decir que hay un centro afectivo  que está en nuestra corporalidad, Jesús  ha demostrado su amor a la humanidad  entregando históricamente su cuerpo hasta el sacrificio.

Para las personas creyentes en Jesucristo, se nos hace fundamental hasta urgente conocerle y mirarle en su modo de relacionarse como ama y nos ha amado sin límite, tenemos en las escrituras muchos ejemplos,  he aquí tres episodios  que nos ayudan a comprender y profundizar en el amor que tiene Jesús por nosotros y nosotras.

El primero es el anuncio de la buena notica a todos los excluidos, cuando Jesús inicia  su misión en el Evangelio de Lc4, 17-21: De pie y con seguridad lee:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos, a dar vista a los ciegos, a liberar a los oprimidos y a proclamar el año de gracia del Señor”

Dice la lectura que después que terminó de leer se le quedaron todos mirándole fijamente  y agregó “hoy se ha cumplido esta profecía”, algunos preguntaban por su procedencia y explica “nadie es profeta en su tierra,” al oír esto, no faltaron los que  se enfurecieron y lo echaron fuera de la ciudad para tirarle por un precipicio, sin embargo él pasa por en medio de ellos, digno, lleno del Espíritu de Dios, con una propuesta que ya es real.

Es  un anuncio totalmente inclusivo para aquellos tiempos,  para hoy sigue siendo revolucionaria la idea de romper los sistemas injustos, pues es una esperanza y una posibilidad real de cambio, porque expresa claramente el proyecto de su Padre que ha trascendido los tiempos y nos ayuda a transformar y mejorar las culturas y los sistemas esclavizantes que no solo son externos sino que están  en nuestra manera de equivocada de pensar, aunque no lo creamos, existen cegueras en nuestro corazón.  

El otro episodio, es la ternura como Jesús nos  enseña quien es su Padre. En el evangelio de  Mateo 11,25-30

“Entonces Jesús dijo: yo te alabo padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido  estas cosas  a los sabios y prudentes, y se las has dado a conocer a los sencillos. Si padre asì te ha perecido bien. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y al Padre lo conoce sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y encontrarán descanso en sus vidas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

Al hablar de los sabios y prudentes se está refiriendo a aquellos que conocen y estudian las escrituras pero que se han desconectado de la vida, por estar más centrados en la ley que en la presencia de Jesús, hay dureza de corazón para identificarle como el Mesías.  Sin embargo descubre que en los pequeños y sencillos, el Padre se ha revelado y encuentra comunión con ellos. Se ofrece como el que alivia, el que hace ligera la carga como una invitación a dejarse ayudar por Él, se hace  parte de de nosotros, los más pobres y excluidos  y se define a sí mismo como sencillo y humilde de corazón, es decir, sencillo y humilde es el que está en total dependencia con el Padre, la humildad no es una actitud voluntariosa sino que surge del que tiene la capacidad de dejarse ayudar por otros, el que comparte su miseria con la intención de salir de ella, y se puede levantar apoyado, acompañado, sostenido por otros y otras. Al mirar a Jesús unido a su Padre en mutua comunión con los pequeños y sencillos, brota la alabanza espontanea de esta revelación.

Y por último, la entrega sin límite de Jesús para la salvación de toda la humanidad, expresado en  el episodio de la muerte en cruz. En el evangelio de Juan 19, 31-37

“Era el día de la preparación de la fiesta de pascua, los judíos no querían que los cuerpos quedaran en la  cruz aquel  sábado, ya que se celebraba una fiesta muy solemne. Por eso pidieron a Pilato que ordenara romper las piernas  a los crucificados y que los bajaran de la cruz.

Fueron, pues los soldados y rompieron las piernas. A los que habían sido crucificados con Jesús. Cuando se acercaron a Jesús,  se dieron cuenta de que ya estaba muerto; por eso no le rompieron las piernas. Pero uno de los soldados le atravesó  una lanza y, en seguida, brotó sangre y agua.”

Ya habiendo padecido la humillación de la muerte en cruz, Jesús da todo, hasta la última gota de sangre y agua, la sangre que simboliza la vida y el agua que  es el elemento que lava y purifica, en algunos evangelios Jesús dice de sí como el agua viva.(jn4,10). Ya no hay sangre ni agua, está vaciado por nosotros. Amor total.

 El soldado salpicado por la  sangre y el agua que ha brotado de su costado, recibe la vida y el perdón, este es un hombre mandado que obedece a un sistema descentrado de toda humanidad, hiere a Jesús, “no sabe lo que hace”, y es perdonado, purificado con el agua que ha salido del costado. En el somos todos perdonados y amados por el Padre, Hijo y espíritu Santo.

En la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, le  pido a Dios  ahondar en los misterios de su corazón para vivir en comunión con otros y otras especialmente con la  Iglesia, y así dar testimonio del amor de Dios por nosotros.

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