Que venga Tu Reino, que venga Tu Alegría

Publicado el 05 de diciembre de 2012    |   Desde el corazón (Borrador)

Que venga Tu Reino, que venga Tu Alegría

Uno de los valores que más nos hace abrir el Corazón, es la ALEGRIA.  Es el regalo de Adviento: una alegría que se prepara para entrar para siempre en cada mujer y cada hombre.  Una alegría fundada en algo más estable que nuestros pequeños éxitos que nos hacen sentirnos importantes y algo más profundo que nuestras pasajeras fiestas. Una alegría que nos viene de la alegría de Dios.

 

"Alégrate, llena eres de gracia”  (Lc1)

“Les anuncio una buena noticia que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo” (Lc1)

“Jesús se estremeció de alegría y dijo: Padre, Señor del cielo y de la tierra, yo te bendigo porque has mostrado estas cosas a los pequeños y sencillos…” (Lc10)

“Resonó en el cielo un griterío inmenso:  ya llegó la liberación por el poder de Dios. Reina nuestro Dios y  su Cristo manda… Alégrense los cielos y ustedes que viven en ellos” (Ap 12).

 

La ALEGRÍA de Dios viene a una tierra preparada por la espera fiel, por la gratitud constante, por el deseo y la mirada limpia. 

“Alégrense siempre en el Señor, les repito, alégrense. Sea de todos conocida la bondad  de ustedes. El Señor esta cerca. ¡No se inquieten por nada! En todas las circunstancias presenten a Dios sus preocupaciones a través de la oración, las suplicas y la acción de gracias. Y la Paz de Dios, que excede a toda inteligencia, guardara sus corazones y sus  pensamientos en Cristo Jesús” . (Filip.4, 4-7)

 

Ante la felicidad que sigue a todo lo bueno y bello, y el desafío que provoca  el mal, la injusticia, la alegría  se torna una de las actitudes humanas mas adultas (O.Matus rscj. “Valores”). Ella se cultiva y arraiga en la esperanza, en la capacidad de dar gracias y en el reconocimiento de la bondad que atraviesa toda la creación.  En el Corazón de Jesús aprendemos de esa alegría que se torna pacifica, constante, contagiosa, sinónimo de esperanza y valor. 

Testimonio de ello es la alegría vivida por Sofía Barat y expresada en casi todas sus cartas, ya animando a quien estaba sufriendo, ya reafirmando la alegría de una verdadera amistad, tanto en los grandes como en los pequeños momentos de felicidad…

 

“Usted me asegura que está totalmente disponible. No esperaba otra cosa. Sin embargo me llené de alegría, así como una madre que ama mucho a su hijo y le gusta repetirle que le quiere. Esa amiga suya tuvo la misma alegría.”

Carta a F. Duchesne, Poitiers, 6 de agosto de 1809.

“Acabo de recibir su carta esta noche, y qué gran alegría me ha dado!”.

“No quiero rehusar nada más a mi Dios. Pero eso sería poco todavía, quiero ir delante de Su Voluntad y abrazarla con alegría sea lo que fuere!  ¡Dios mío, sostén mi debilidad!  Y usted, querida hija, rece por mí.

Carta a M. Prevost, París, 5 de febrero de 1824

“Si mi bolsillo no estuviese con tanta frecuencia vacío a causa de uno u otro necesitado, realmente me hubiera inquietado con la alegría que siento al recibir; pero no es más que para dar, por eso no me inquieto”.  

M. Prevost, París, 5 de febrero de 1824

En el Corazón de Jesús y para Sofía, la alegría se transformaba en un don y el don en una prioridad.

Sofía Baranda Ferrán. rscj. Adviento 2012

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