Eucaristía de Clausura JPIC

Publicado el 17 de diciembre de 2018    |   Por Carmen Margarita Fagot rscj    | Desde el corazón

¿Cómo el evangelio de hoy (Juan 18:33-37) puede iluminar nuestro compromiso con la JPIC?

Nos dice el Evangelio hoy que Jesús fue presentado ante Pilato quien representa el poder político en ese momento y quien le pregunta si es el Rey de los judíos. Jesús no le reconoce su poder político porque está al servicio de los que quieren acallar la verdad y le responde con otra pregunta: ¿Lo dices por ti o porque otros te lo dijeron de mí? Se defiende Pilato de que él no es judío, él representa al poder romano (estructura de poder político) tiene el mayor dominio en ese momento sobre el pueblo judío. Él representa a los kakistocratas de su época. Responsabiliza al pueblo (a quien les adjudica a su conveniencia un poder, el popular) y a los sumos sacerdotes que le entregaron a Jesús y que representan otra estructura de poder (la religiosa). Sin embargo Jesús se sitúa con libertad ante esas estructuras de poder pues su título de rey afirma le viene de arriba. Y le devuelve la afirmación: Eres tu quien dices que soy rey. Y le explica para que ha venido al mundo: para dar testimonio a favor de la verdad.

Cuando hablamos de compromiso con la justicia, paz e integridad de la creación hemos de estar conscientes que esta opción nos lleva a una confrontación con los que están en el poder político, religioso y popular, pues como a Pilato su poderío se va a sentir cuestionado. Posiblemente ya nos ha pasado o nos va a pasar. Pero no es casual que Jesús haya llegado a esa situación. Él ha dado testimonio de la verdad. ¿Y cuál es esa verdad de la que Él ha dado testimonio? Su verdad ha sido el haber hecho suyo el Proyecto del Padre: anunciar la buena noticia a los pobres, liberar a los que están cautivos, devolver la vista a los ciegos y proclamar el año de gracia del Señor de cielos y tierra, esto es el derecho a la equidad para todos. En su vida cotidiana Jesús fue desenmascarando las leyes injustas, la corrupción, el abuso de poder político y religioso, la discriminación, la violencia contra la mujer, el no darle su lugar a los pequeños, el excluir a los pobres y a los enfermos. Su estilo de vida, su modo de proceder a favor de la Verdad cuestiona el sistema injusto.

Sabemos que esto tuvo consecuencias para Jesús que lo llevaron a la muerte en la cruz. Sabemos que muchos hermanos y hermanas han estado dispuestos a dar la vida para que hayan una estructuras más justas y unas relaciones más fraternas porque sabemos que no habrá paz si no hay justicia. ¿Estaremos dispuestas a caminar mas de cerca con los crucificados de hoy y con los que en su nombre levantan la voz reclamando justicia y cuidado de la creación?

Hemos afirmado en nuestra declaración como compromiso con la JPIC, que como Sociedad del Sagrado Corazón, no queremos ser cómplices de sistemas injustos y deshumanizadores, que queremos seguir escuchando los clamores de los pobres y excluidos y de la tierra para junto con ellos y ellas y con los que también buscan un mundo más humano y justo ir tejiendo un nuevo tejido social y cuidar nuestra Casa Común. Hemos asumido el reto de seguir buscando en nuestros países y provincias maneras concretas de llevarlo a cabo.

Jesús habla con autoridad en su vida y ante Pilato. ¿De dónde le venía a Jesús la autoridad para poder hablar y actuar en consecuencia con el Proyecto de Dios? De su vida de unión con el Padre. A fuerza de estar con Él, llegó a descubrir que su Padre Dios es al que se le revolvieron las entrañas al escuchar el clamor de su pueblo esclavizado por sus capataces en la historia de Israel. Descubrió que tanto le dolió la humanidad que decidió al fin enviar a su Hijo, quien es como el Padre Dios, el Buen Samaritano porque se hizo próximo y se acercó al que estaba herido a la orilla del camino con su misericordia, esto es, su corazón estaba con el miserable, con el empobrecido con el que parece no valer nada ante los que pasan de largo por el camino y actuó con compasión porque se le acercó, lo tocó, lo curó se hizo uno con él en su sufrimiento y en la recuperación de su dignidad. Cuando descubrimos que la misericordia es la que nos hace más humanas, somos capaces de arriesgar la vida, porque entrar en el Corazón Traspasado de la humanidad nos mueve a ser testigos de la Verdad y Artesanas de Esperanza.

De muchas maneras en estos días hemos tomado conciencia que solo podremos ser artesanas de la Esperanza caminando con los empobrecidos, los excluidos y junto con hombres y mujeres de buena voluntad que sueñan nuevos sueños de justicia, paz e integridad de la creación para la humanidad y para la creación entera y están dispuestos y dispuestas a dar su vida por ello. Si por la edad, por salud o por alguna condición no podemos estar ahí con ellos, nuestro corazón como el de Filipina ya enferma al llegar a Sugar Creek, ha de anhelar ir más allá de las Rocosas y llegar hasta nuevas misiones y apoyar con todo el corazón a aquellos y aquellas que puedan realizar lo que personalmente ya no podemos, como Emilia que se pasaba horas delante del sagrario pidiendo por las que estaban en los barrios, por las que en los colegios despertaban conciencia de responsabilidad social. ¡Hay tantas Emilias en la Sociedad que nos siguen acompañando hoy y con su oración nos empujan a mayores compromisos por que el Reinado de Dios comience aquí y ahora.

Lo que hemos visto, compartido y los clamores escuchados en estos días nos invitan a dar la vida, a sentirnos invitadas a ser artesanas de Esperanza allí en nuestros países y Provincias o cruzando fronteras. ¿No será este un nuevo momento y llamada de mayor radicalidad para la Sociedad del Sagrado Corazón y para toda la Familia del Sagrado Corazón de la que somos parte?

Pidamos a María la del Magnificat que nos adentre en el Corazón Traspasado de su Hijo en la humanidad. Sofía, Filipina cuentan con nosotras! Amén.

Carmen Margarita Fagot rscj

Provincia de las Antillas

 

 

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