Parábola "las pirquineras"

Publicado el 09 de septiembre de 2019    |   Por Gloria Guerrero    | Desde el corazón

Un día las mujeres se descubrieron pirquineras1, hicieron sus campamentos en medio de las montañas, en aquellos cerros, se narraron sus historias. Se confesaron: “a veces tuve miedo, pero me dejé guiar por la luz interior, esa suave luz que habita en mí y en nosotras”. Se sentían entrañablemente hechiceras y se dijeron: “ahora es tiempo de… compartir el misterio que se esconde en las entrañas de la tierra, en ese vientre entrañable que es la vida”.

Cada una fue contando como descendía por esas improvisadas escaleras, frágiles y rocosas. Su equipaje como un tercer ojo, la lámpara, se adhería a su ser y en la mano, la picota2 para picar la roca.

Compartieron el nombre de sus minas, como una identidad que les daba un sello inquebrantable. Se dijeron: “no es fácil permanecer allí en las entrañas, que hay momentos de soledad en que las sombras se hacen fantasmales, pero que es necesario habitarlas y en el silencio de la noche escuchar el susurro de la abuela ancestral guiándolas”. 

Señalaron sus caminos recorridos, cada uno único, abrieron sus corazones llenos de nombres, se sintieron pirquineras en camino. ¿Cuál es tu veta? Se preguntaron, ¿el oro, el cobre, la plata, el carbón…? ¡Qué más da! Nuestro tesoro es una identidad, un cuerpo que se articula, una historia tejida de fragilidades compartidas, de sueños de artesanas de esperanza. Estas pirquineras en las noches estrelladas se descubrieron región.

En memoria de las pirquineras de ayer, del hoy y del mañana.

 

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