Solidaridad, Ver La Realidad A Partir De La Mirada Compasiva De Jesús.

Publicado el 07 de agosto de 2017    |   Por Rscj Santa María de la Encina    | Desde el corazón

Al reflexionar en comunidad sobre la solidaridad, nos entusiasmamos en buscar textos y citas en nuestros documentos. En nuestro compartir nos impactó la urgencia de vivir la solidaridad a todo nivel y es por ello que vemos fundamental como dice Patricia García de Quevedo rscj, “Por nuestra vocación estamos llamadas a comunicar el amor de Dios, esto es, ir como Magdalena Sofía, al corazón de la vida, reconociendo en el Corazón traspasado de Jesús a la humanidad herida:” 
“El Corazón traspasado de Jesús nos abre a la profundidad del misterio de Dios y al dolor de la humanidad y nos hace entrar en su único movimiento: adoración al Padre y amor a todos, especialmente a los pobres. Const. n. 8”


Hoy, más que nunca vemos la urgencia de ser solidarios porque vivimos invadidos por una realidad que muchas veces nos lleva a lo contrario. Sin embargo, “…cuando compartimos nuestra vida desde la fe, cuando escuchamos juntos las llamadas de la realidad, que a veces son complejas, cuando discernimos en común y nos comprometemos activamente a buscar del Bien Común, estamos de alguna manera haciendo realidad la vivencia de la solidaridad. Esto se transforma en un  desafío permanente, que se va nutriendo de Dios en el día a día, a través de la relación interpersonal, cuando bajamos a beber en las profundidades de nuestro pozo y encontramos allí el agua el agua que comunica y da vida”.
Esta experiencia la llamamos conversión, “que nace de la llamada de Dios y de la acogida de su amor más que de un esfuerzo voluntarista. El Señor, al hacernos descubrir un horizonte nuevo, hace nacer en nosotros el deseo de cambiar algo en nuestra vida, de descentrarnos y de desinstalarnos.
“La mirada y la conversión están íntimamente unidas. Para nosotras, religiosas del Sagrado Corazón, ver la realidad a partir de la mirada compasiva de Jesús nos conduce a la conversión y al cambio. Como consecuencia, lo que descubrimos del mundo nos hace ver nuestras fallas y rechazos: reconocemos nuestra participación en el mal y en el pecado pero se nos ha dado, también, el participar en la inmensa compasión del Corazón de Cristo y de escuchar sus palabras:” “Denles ustedes mismos de comer” Mc 6,37.


“Abrir los ojos, dejarse tocar y ponerse al servicio de los demás, ésta es la conversión a la que Cristo nos llama, esto es tener un corazón solidario. Constatamos que en nuestros corazones y en cada lugar del mundo estamos habitados por las raíces de la exclusión, violencia, opresión, consumismo, egoísmos, racismos, clasismos, ambición de tener y poder, etc. Por lo tanto la conversión pasa por la toma de conciencia y curación de nuestras heridas a través de gestos concretos de solidaridad que reestablece nuestras relaciones interpersonales y el corazón de la humanidad.


Las consecuencias de los males que hemos mencionado y la amenaza permanente de no mirarnos ni respetarnos como persona, nos llevan a que muchos son rechazados de las esferas normales de la sociedad: están ausentes del banquete, hambrientos de pan y de justicia, de trabajo y de dignidad.
¿Quién no sueña con un mundo solidario capaz de construir la paz, la unidad y la justicia? ¿Quién no sueña con un mundo solidario en el que todos pudieran encontrar un lugar en la mesa común?
Necesitamos preguntarnos frecuentemente: ¿Con quiénes compartimos nuestra mesa?, ¿Por quiénes nos interesamos?, ¿Quiénes son los excluidos y marginados de nuestra existencia?, ¿Tratamos de construir espacios en donde los que están desesperados por la vida puedan ver, que aún en la fragilidad y en la debilidad, la esperanza es posible?


Guiados por la mirada compasiva de Jesús, podemos seguir creyendo que en nuestro mundo la solidaridad es posible, porque ésta nace del corazón convertido que nos lleva a vivir conforme a los sentimientos y actitudes de Jesús.
Pedimos a Magdalena Sofía, mujer de corazón, centrada en el Corazón Traspasado de Jesús, que experimentó en su época la sed de Dios por la injusticia que siga acompañándonos para ir a lo más hondo de nosotros mismos, a nuestra zona fértil para ser don y misterio para nosotros mismos y para los demás.”

Comunidad Santa María de la Encina


Extracto de Cartas y Conferencias, pág. 47: La Conversión, 21 de Noviembre de 1996 y  pág. 25: Fiesta de Magdalena Sofía, 25 de Mayo de 1998   Patricia García de Quevedo, rscj. Superiora General 1994- 2000

 

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